PEREZ17102022

Los Procesos, el MEP y la LC23S
María de la Paz Quintanilla (Raquel)

Monterrey.- Los movimientos insurgentes no son espontáneos, sino que atraviesan por un largo proceso de gestación, hasta que las condiciones materiales y subjetivas alcanzan el desarrollo suficiente y obligan a su manifestación.

A principios del siglo pasado, el modo de producción capitalista se enfrentaba a una crisis profunda y la victoria de los bolcheviques representaba una alternativa que los grandes capitales querían ocultar. Las luchas sindicales y obreras en el mismo seno de los países occidentales obligaron al capitalismo a renovarse en la forma de los modelos keynesiano y de pleno empleo. Un efecto pernicioso que ocurrió, a tomar en cuenta, fue que los derechos y prestaciones arrancados al gran capital minaron la combatividad de las luchas. Era más difícil interesar al obrero (al sujeto histórico) a seguir luchando por un cambio real.

En este período, el llamado “tercer mundo” siguió siendo explotado y expoliado por el “primer mundo”; sin embargo, en nuestra América se vivió una especie de tregua. Mientras los países centrales se enfrentaban en las guerras mundiales, las necesidades de mercancías permitieron establecer políticas desarrollistas que beneficiaban a la producción local frente a la exportación de materias primas. Obviando las contradicciones internas de un capitalismo industrial productor; esto permitió un desarrollo de las fuerzas productivas y soñar con otro mundo. En México este período se conoció como el Milagro Mexicano.

Una vez terminadas las guerras mundiales y el periodo de reconstrucción de Europa, los países centrales buscaron regresar por sus fueros, pues un capitalismo “contenido” no puede existir por mucho tiempo, y a finales de los años 60 ya se empezaba notar el agotamiento de este modelo. En todo el planeta emergieron luchas y movimientos sociales que buscaban continuar con el reformismo capitalista en favor de derechos laborales y civiles, o bien, superarlo. El triunfo de la Revolución Cubana en 1959 representó una nueva esperanza en la posibilidad de la construcción al socialismo. Por su parte, el experimento soviético del socialismo real mostraba contradicciones, limitaciones, dogmatismos y ejercía una influencia ya sea de forma asumida o deliberada, sobre las luchas. Estos hechos incidieron en los movimientos sociales y políticos y en la insurgencia armada que se dio en toda nuestra América y en México.

Ante la urgencia de renovar una vez más el modo de producción capitalista y evitar la proliferación de las luchas sociales, Estados Unidos promovió golpes de estado y la instauración de dictaduras militares con la ayuda de las burguesías exportadoras locales, en algunos lugares disfrazado como Alianza para el Progreso, estableciendo así el modelo capitalista neoliberal.

En ese contexto se da un proceso de reflexión del pensamiento filosófico del cristianismo en el interior de la Iglesia Católica y de las Iglesias Cristianas; una revolución de las conciencias en la lucha por generar la congruencia

en el decir y en el hacer. La jerarquía católica mexicana, como parte del poder fáctico, se resistía a impulsar el evangelio en una línea de pensar crítico, de la necesaria construcción de un sujeto social crítico, autocrítico, informado y preparado para enfrentar el autoritarismo y la represión que en esa época se vivía en México y en América Latina.

En 1962, en el Concilio Vaticano II del Papa Juan XXIII y continuado por el Papa Paulo VI, surge como respuesta a las incongruencias que denunciaban el papel de la Iglesia Católica en favor del poder económico y su alejamiento de su esencia evangelizadora por la justicia y la opción de los pobres. Algunos jóvenes y sacerdotes centraron sus reclamaciones en pos de una iglesia y un reino de Cristo aquí y ahora, exigiendo congruencia y compromiso. Así nació la Teología de la Liberación.

La encíclica Populorum Pogressio es un documento trascendental para los países subdesarrollados que no debe ignorase.(1) A su vez, los documentos “Comunismo versus capitalismo”, “Cristianismo y revolución”, “Los cristianos en la historia” e “Ideas críticas de la filosofía comunista y cristiana”, entre muchos otros, formaron parte de una serie de boletines editados en los años 1966 al 68 por el Movimiento Internacional de Estudiantes Católicos (MIEC) y por la Juventud Internacional de Estudiantes Católicos (JIEC), financiados por obispos alemanes del Octogésimo Addveniant. Una aportación central de éstos es la inclusión del análisis marxista como herramienta imprescindible para entender el mundo de nuestros días.

Las ideas de los padres Franciscanos y Dominicos como Gustavo Gutiérrez, Leonardo y Clodowich Boff, o del pedagogo Paulo Freire, contenidas en la Teología de la Liberación, la Metodología de Revisión de Vida y la Educación Liberadora o Educación Popular, impactaron y profundizaron la reflexión sobre el papel de los cristianos en el mundo real. Estos planteamientos guiaron la formación de los jóvenes estudiantes agrupados en el Movimiento Estudiantil Profesional (MEP) de la Acción Católica Mexicana.(2) En la ciudad de Monterrey, su influencia y desarrollo fue muy amplia, eso explica que la mayoría de los presidentes nacionales de 1962 a 1975 se formaron en esta ciudad.

El proceso formativo de los jóvenes del MEP se dio en el marxismo y en la Filosofía de la Teología de la Liberación. El marxismo enriqueció la metodología que se practicaba para interpretar la realidad: VER, JUZGAR y ACTUAR con la orientación permanente de la educación liberadora o popular. Esta formación permitió en la acción y en la praxis la construcción de lazos de identidad entre los jóvenes comunistas y los cristianos progresistas, quienes fueron adquiriendo la convicción de la necesidad de transformar de raíz las condiciones materiales que existían en el mundo.

En este período existieron dos organizaciones estudiantiles católicas contrapuestas, que reflejaron la intensa lucha de clases que ocurría en Monterrey y en la propia iglesia: el MEP y la Corporación de Estudiantes Mexicanos (CORPO). Los vínculos entre el grupo industrial de Monterrey, los centros educativos y la jerarquía católica eran muy fuertes, buscando el control ideológico y organizativo en las mesas directivas de estudiantes, impidiendo la influencia de las juventudes comunistas, financiaron a la CORPO y para atención del servicio pastoral trajeron a los sacerdotes jesuitas. Cabe señalar que los jesuitas en poco tiempo se alejaron del propósito inicial y se incorporaron al proceso de revolución de conciencias.

El MEP se articulaba con organizaciones católicas que surgieron en este proceso como la Juventud Obrera Católica (JOC), la Juventud Campesina Católica (JCC), el Frente Auténtico del Trabajo (FAT), las Comunidades Eclesiales de Base, las Cooperativas de Ahorro y Crédito y las Cajas Populares. En la comunidad católica de Monterrey se sucedieron encuentros en donde concurrían religiosos de México y el mundo de las más diversas congregaciones, tales como sacerdotes diocesanos, dominicos, cordimarianos, jesuitas. Participantes de este proceso destacaron el Padre Francisco Hernández (Padre Quico), de la orden religiosa de Cordimarianos; en Monterrey, los sacerdotes Jesuitas Salvador Rábago y Javier de Obeso; los sacerdotes diocesanos, como Salvador Chávez (Chava, QEPD), Tobías Z. López, Héctor Viejo (QEPD); las religiosas del verbo encarnado, las Hermanas del Servicio Social, Beatriz de la Vega y María Elena Madrigal, el Obispo de Cuernavaca, Don Sergio Méndez Arceo.

Raúl Vidales fue un enlace importante para la influencia en la comunidad católica de Nuevo León y de México, pues participaba en la Conferencia Episcopal Latinoamericana (CEL), junto a el teólogo brasileño Gustavo Gutiérrez, al filósofo Enrique Dussell y con el sacerdote Segundo Galilea. Este último fue un soporte de espiritual de la CEL, aportando ideas que darían cuerpo teórico a la Teología de la Liberación.

Juan XXIII logra centrar el proceso de reflexión con el tema Iglesia Mundo y así se construyó el proceso de la tarea evangelizadora mediante una educación liberadora: educar en la idea de que el reino de Dios está en la Tierra y que los planes de Dios es la opción de los pobres y su liberación, lo cual solo puede ocurrir en la idea de lograr el surgimiento del sujeto histórico, colectivo, comunitario, social, activo, participativo en la construcción de la historia, de su propia historia. En el escenario político social del período de los 60s y 70s del siglo pasado, surgió una respuesta: la guerra justa, que justificó la vía armada de la violencia revolucionaria.

En algunas parroquias de Monterrey, los sacerdotes practicaban la educación liberadora, fomentando en las misas y en los grupos la reflexión sobre la realidad. En algunos casos, los domingos en el evangelio se le preguntaban a la comunidad cómo relacionaba esta lectura con su realidad y ahí mismo definían el qué hacer. Se trataba de aprender a pensar en la realidad y a actuar. Se preguntaban cuál es la función de las religiones y concluían que no son los ritos ni el mundo mágico, sino que el Reino de Dios está en la Tierra y no en el más allá.

El MEP es sin duda una expresión importante en el surgimiento de la organización de carácter socialista denominada Liga Comunista 23 de Septiembre (LC23S). De este Movimiento pasaron a formar parte como profesionales de la LC23S Ignacio Arturo Salas Obregón, Juan Carlos Flores Olivo (ambos fueron presidentes nacionales del MEP en 1968 y 1970 respectivamente); y Héctor Torres González, quedó pendiente de asumir la

presidencia en 1972. Los tres participaron en la Coordinación Nacional de la Liga Comunista 23 de Septiembre, junto a Ignacio Olivares Torres. En coordinaciones zonales y regionales participaron María de la Paz Quintanilla Vargas, José Manuel Báez Dávila, Juan Antonio Veloz, Ana Luisa Flores Guerra, Graciela Mijares, Hilda Rosario Dávila, Eufemia Belén Almanza, Carlos García Guerrero. Tod@s pasaron a la clandestinidad en 1973. Otros compañeros del MEP no lo hicieron y no se les identificó como guerrilleros.

Las movilizaciones y las luchas propias de la juventud universitaria permitieron el encuentro y lucha de ideas entre cristianos y comunistas. Los sucesos de 1968 y de 1971 hicieron posible esta convergencia. En este mismo sentido podemos decir que los jesuitas, los sacerdotes diocesanos y religiosas, al igual que los estudiantes que militaban en el MEP, al desarrollar su trabajo con la metodología de la filosofía de la Teología de la Liberación, desarrollaron una identidad propia, por lo que la influencia fue mutua en esa búsqueda de interpretar la realidad para transformarla.

La confluencia de los cristianos y las juventudes comunistas con las luchas sociales surge de la indignación y la solidaridad con la gente que sufre. La obligación ética por cambiar una realidad de crisis, de guerra, de represión, de injusticia y de violencia institucional, llevó a muchas personas a considerar que no había camino pacífico para el cambio. En el caso de los cristianos, también se buscaba revertir la separación entre la fe y la realidad, tratando de conectar el pensar Jesucristo con los pueblos, despertando la espiritualidad, la cual no necesariamente fue religiosa.

Por esta razón es que en la década de los 70s y 60s se habló de la influencia decisiva de los jesuitas en la politización de estudiantiles católicos de Monterrey, particularmente de los que se incorporaron a la Liga Comunista

23 de Septiembre. Pero como hemos dicho con anterioridad, fue un proceso de influencia mutuo y múltiple.

Los sacerdotes jesuitas fueron inculpados por la decisión que tomaron los jóvenes de incorporase al proceso revolucionario. Entonces fueron expulsados sacerdotes jesuitas y diocesanos también. La lucha contra la Teología de la Liberación, encabezada por el Papa Juan Pablo II, derivó en una desarticulación de todo el proceso de revolución de las conciencias al interior de la Iglesia.

Es obvio que los principios de la filosofía de la Teología de la Liberación, el materialismo histórico y el pensamiento de José Martí, siguen vigentes. Para cumplir la tarea de lograr influir en la conciencia social y espiritual del mundo, se hace necesario convocar de nuevo a construir organizaciones que se replanteen el renacimiento del sujeto social, participativo, con formación científica y política, que luche por ampliar la ruta del camino de la paz y por el bien y para el bien de tod@s.


Notas
1) El Papa Juan XXIII, lo anunció el 25 de enero del 59, evento histórico marcado en el siglo XX. Inició el 1 de octubre de 1962, y presidió el Papa Juan XXIII. El Papa Paulo VI, del 63-65, 2 mil 460 obispos asistieron; temas: Promover el desarrollo de la Fe Católica, Lograr una Renovación Moral de la vida cristiana de los fieles, adaptar la disciplina eclesiástica a las necesidades y métodos de nuestro tiempo.

2) Del documento los cristianos en la historia: El documento es un conjunto de tres conferencias. Es el número uno subserie uno del movimiento internacional de estudiantes católicos y de la juventud estudiantil católica internacional. El documento es un conjunto de tres conferencias (apuntes de tres conferencias) las dos primeras del padre Gustavo Gutiérrez; la tercera del padre Felipe Zegarra, que fueron la base de la jornada de estudio del centro de Lima de la UNEC del Perú. La jornada fue realizada en Chaclacayo, en octubre de 1966.