Monterrey.- Luis Tijerina Almaguer fue un extraordinario maestro mexicano nacido en Linares N.L., el 21 de agosto de 1897. Su padre Antonio fue herrero y su madre Dominga murió cuando Luis tenía cuatro años.
Su vida fue cuesta arriba, sin embargo: junto con los grandes maestros Timoteo L. Hernández, Israel Cavazos y Santiago Roel (padre) fundaron y editaron por largos años el periódico “Escobedo”. Se tituló de profesor de educación primaria el 18 de mayo de 1918. Fue Inspector Escolar, Director de Educación Federal en N.L. (1929-32), Director de Educación Federal en Puebla, Jalisco, y Tamaulipas; Jefe del Departamento de Educación Primaria y Oficial Mayor en la SEP, Director General de la Escuela Nacional de Maestros en el D. F., Vocal de la Comisión de Libros de Texto Gratuitos, y miembro del Consejo Nacional Técnico de la Educación.
Fue pionero del Movimiento Sindical del Magisterio en N.L., organizó el Partido Constitucionalista Independiente de N.L. Fue Regidor del Ayuntamiento de Monterrey, Presidente Municipal Suplente, Diputado Local, Juez del Registro Civil, Recaudador de Rentas, Catedrático de la Escuela Normal del Estado y organizador del Centro de orientación Socialista Para Trabajadores.
Fue uno de los fundadores de la Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística de N .L. Es considerado como el Fundador del Leonismo en México ya que fue organizador del Primer Club de Leones de la República, en Nuevo Laredo, Tamps., en 1927.
Escribió varios libros de poesía; colaboró en diversas revistas y periódicos, fundó varias revistas de historia, cultura, poesía y divulgación informativa. Fue designado por el Ayuntamiento “El Cantor de Monterrey” el 20 de septiembre de 1969, en un homenaje especial. Recibió la “Medalla Altamirano” en mayo de 1960. Fue además buen charro y poeta, entre sus obras citamos: “Alma Charra”, “Canto al escudo de N.L.”, “Canto a Monterrey” (1945), Vetas del Pensamiento” (1952). “Poemas Conmemorativos” (1963), “La Tierra y Yo”, “Memorias”, entre otras.
Conocí al maestro Tijerina Almaguer en su casa de Simón Bolívar en la colonia Mitras Centro a unas dos o tres cuadras al Norte de la Calzada Madero, era yo un jovencito y él estaba muy enfermo, pero era para mí una obsesión conocerlo y un buen día por la mañana sin previo aviso llegué a su casa, estaba en pantuflas, pantalón holgado y camiseta de mangas cortas, acodado sobre el barandal metálico de su casa, sin más, le dije que quería conocerlo, me pasó al porche, me invitó una limonada y platicamos unas dos horas, suficientes para recabar los datos que hoy les comparto. Nos despedimos con un apretón de manos y su promesa de que me obsequiaría una colección de “Escobedo”. A los dos meses, el maestro agobiado por las dolencias de un cáncer terminal, se suicidó el 18 de agosto de 1978.
Pasaron muchos años, un día en la Escuela Secundaria “Melitón Villarreal” anexa al ITESM (Padre Mier y Martín de Zavala) en la que yo laboraba, tuve la suerte de tener de alumno a un adolescente de nombre “Pancho” Tijerina, nieto del maestro, y vaya sorpresa, un día me entregó de parte de su abuelo la colección encuadernada de “Escobedo”, la revista que amorosamente editó por varios años y que había prometido obsequiarme. ¡Qué más puedo pedir a la vida!
De su producción poética, les comparto.
“Camino de la Esperanza”
-Hay en la tierra un sendero,
camino de la esperanza,
dicen que no tiene fin
esa vereda tan larga.
¡Vereda tenía que ser, para perderse en la nada!
-Está sembrada de espinas
que se clavan en el alma,
y no hay lugar al descanso
en tan penosa jornada.
¡De espinas tenía que ser, camino de la esperanza!
-No hay un árbol que cobije
al caminante la espalda,
ni un mal tronco, ni una piedra,
ni un barranco, ni una falda.
¡Amor y fe habían de ser, camino de la esperanza!
-Medio perdido en el polvo
que con su paso levanta,
se ve a lo lejos a un hombre
con la vereda a la espalda.
¡Un hombre tenía que ser, camino de la esperanza!
-Lleva un libro bajo el brazo
brújula en turbia y borrasca,
su faz es alegre y quieta
justo retrato de su alma.
¡Un libro tenía que ser, camino de la esperanza!
-Es un maestro de escuela
quien por la vereda canta,
los pájaros le saludan
y hasta la tierra se ablanda.
¡Maestro tenía que ser, camino de la esperanza!
-A su paso, en el sendero
encinas y cedros planta
esperando que una sombra
detrás de su sombra salga.
¡Ramas y nidos y sombras, camino de la esperanza!
-Es bello y corto el sendero
la vereda ya no es larga,
y hay una alfombra de flores
para el viajero que pasa.
¡De flores tenía que ser, camino de la esperanza!
-Sólo el maestro, el vidente
que las encinas sembrara,
de su protección no goza
y a su sombra no descansa.
¡Maestro tenía que ser, para que no descansara!
-No se le vio regresar
por la vereda antes larga,
siguió de frente, sembrando
con el camino a la espalda.
Una sonrisa en los labios
y una canción en el alma.
¡Es un maestro, un vidente, quien no pierde la esperanza!