PEREZ17102022

MICROCUENTO PARA PENSAR
Beatitud
Tomás Corona

Monterrey.- Don Isaac era todo un dechado de virtudes. Desde que era un infante, su crianza estuvo predeterminada por el mas exacerbado conservadurismo religioso que ejercía sobre él toda su parentela, principalmente su dramática madre, cuyo marido la abandonó muy pronto debido al insoportable, horrendo e irascible carácter que ella manifestaba crudamente y a cada instante, haciendo imposible una relación de pareja.

Niño modelo, adolescente modelo, profesionista modelo, cargado siempre con premios y condecoraciones, o ceñida su frente con laureles de victoria, casó también con una joven virtuosa con la cual procreó 8 hijos (todos los que Dios nos dé), aun considerando que, en esa casa amplia y cómoda, heredada del padre muerto, además de pasársela rezando casi todo el día en familia; el sexo era estrictamente ceñido a un horario, los jueves a las 10, para ser específicos.

Y así transcurría la activa vida cotidiana de aquella numerosa familia de rancia moral, entre rígidas reglas morales, estudio, trabajo, lectura de la biblia, rezos y severos hábitos alimentarios, todo orientado siempre hacia la integridad y pureza del cuerpo y del alma. En fin, un mundo casi perfecto, a no ser porque el cincuentón Isaac acudía tres veces por semana a realizar una obra piadosa, a una casa pequeña situada en un barrio pobre, en la cual una muchacha de ojos grises lo recibía amorosamente, mientras que un par de gemelos idénticos, se abalanzaban sobre el jubiloso viejo, colmándolo de besos y llamándole “papá”, embriagados de amor. Líbrenos Dios de esos beatos que se dan golpes de pecho con la verga.