Monterrey.- Nada puede mitigar el desasosiego doloroso del alma. Nada puede resarcir la irreparable pérdida de unas alas rotas. Nada puede contener el poderoso ímpetu del río del dolor. Nada puede embargar el pavoroso sentimiento que provoca el desamor. Nada puede destrabar las férreas ataduras de la depresión. Nada puede destejer el oscuro manto del abandono. Nada puede impedir que te asalten los negros demonios del insomnio. Nada puede inspirarte para focalizar de nuevo tus deseos. Nada puede evitar que tu cuerpo se enferme de atosigante angustia. Nada puede lograr que te impulses de nuevo desde el fondo del pantano. Nada puede guiarte para volver a la senda de la alegría. Nada puede subsanar la grieta de la desesperanza. Nada puede conjurar que tus ojos vivan anegados en llanto. Nada puede eludir la desquiciante lucha de tus lobos internos. Nada puede eludir que la mala suerte te sonría. Nada puede contrarrestar que habites enclaustrado en tu vana soberbia. Nada puede anular que vayas pereciendo lentamente bajo el yugo inexorable del sufrimiento. Solo tú y el poderoso amor que resguardas en tu corazón… ¡Déjalo ser…!