RODRIGUEZ29112024

MICROCUENTOS PARA PENSAR
Antilectura
Tomás Corona

Monterrey.- La lectura ha sido, es, y seguirá siendo una valiosa y trascendente herramienta comunicativa en todos los ámbitos del quehacer humano. Sin embargo, no basta solo con decretar su necesaria existencia, tiene que practicarse “a fortiori”, la formación del hábito lector requiere dedicación, paciencia, guía hasta
convertirla en un exquisito placer para el intelecto.

Regalar un miserable libro a una ínfima cantidad de alumnos de los miles y miles que conforman los colectivos escolares en nuestra entidad federativa tampoco garantiza que la práctica de la lectura se haga realidad como por arte de magia, sus efectos sí son mágicos, pues estimula la imaginación a tal grado que llega uno a creerse y sentirse uno de los personajes que lee, un habitante de otros mundos estrambóticos y a la vez maravillosos.

La promoción de la lectura requiere una poderosa y avasalladora estrategia que llegue a los rincones más recónditos de Nuevo León, con un claro, objetivo y sistemático plan de acción que vaya desde un diagnóstico efectivo (aunque nos conste, pero la lectura por placer no existe en la escuela), luego un seguimiento metodológico preciso hasta culminar con una evaluación holística.

No se vale entender el grave asunto de la lectura, como si fuera una “llamarada de petate”, un fueguito al que hay que apagar y mucho menos hacer que una pseudo campaña de promoción de la misma, sirva para la foto política que nada dice de la compleja y olvidada realidad que impera en la mayoría de los contextos escolares.

“Un pueblo que no lee es un pueblo de rodillas”, afirma por allí el demoledor adagio. No lo permitamos, ¡vamos todos a leer!