GOMEZ12102020

MICROCUENTOS PARA PENSAR
Cenizas
Tomás Corona

Monterrey.- Ya son innumerables los que se han ido al limbo de los justos y muchos otros lo harán, por descuido, por azar, por mala suerte. Vivían felices gozando de una vida saludable y de pronto ellos y sus proyectos se esfumaron. Estaban ayer y ya no están hoy. La muerte es simple, parca, ataráxica, aunque a veces parece injusta. Amigos, pariente, congéneres, obesos, delgados, jóvenes, viejos, sanos, enfermos, sonrientes, iracundos, tristes, alegres, uno a uno han ido desfilando por la ruta infinita del inframundo, ascendiendo peldaño a peldaño la escalera del nunca jamás volverán.

     En un inescrutable afán por conservar su esencia, su recuerdo, su último hálito de vida, hay quienes los conservan en una caja de laca pintada de color negro colocada en un lugar especial de la casa o hay quienes, después de recibir las cenizas en un ánfora sellada, metálica, fría, las arrojan al mar de la tristeza, al río de la desesperanza, en la planicie del dolor, desde la montaña de la resignación o en el lugar común o especial donde el ausente fue más feliz. Al final, solo quedarán cenizas de cada uno de nosotros si la tesis de la extinción resulta cierta. “Polvo eres y en polvo te convertirás…” Yo quiero ser polvo cósmico, etéreo, inmaculado, deambular por el venturoso infinito del inmarcesible devenir y renacer en un astro luminoso.