Monterrey.- Hace unos días, veía en las redes con cierto morbo (lo confieso), asombro y satisfacción un mensaje de esos denunciantes en el que se acusaba a varios sujetos y “sujetas” de ofrecer servicios terapéuticos de índole psicológica para aliviar los males emocionales y espirituales que aquejan a la mayoría de los seres humanos en el mundo, sin contar con la preparación necesaria y el nivel de estudio suficiente para ejercer esa difícil tarea de motivar o “coachear” a los otros para que cambien su actitud negativa ante la vida, su consabida ira, su inestable equilibrio socioemocional, o su provocada depresión congénita. Solo poseen una llana y paupérrima experiencia por la sarta de mentiras que pronto aprenden a contar a sus “pacientes” en turno.
Había varios nombres de hombres y mujeres, algunos de ellos reconocidos como terapeutas profesionales, reitero, sin serlo, merolicos de la infamante y quimérica persuasión, depredadores del hambre espiritual, charlatanes de feria emancipados por la venalidad, gestores insanos de la perversidad mediática, falsos curadores del alma, como aquellos profetas incitadores al pecado que predicaban en nombre del diablo y del borrego de oro; eso es lo que son. Nada más.
Por cierto, esa lista negra se quedó corta, habría que agregar un montón de tipejos y tipejas, como aquellos que con melosos comentarios aduladores confunden y secuestran a los infantes y jovencitas para hacerles no sé qué. O los labiosos quienes, con promesas incumplidas, convencen a las señoras decentes para, de alguna manera, prostituirlas. O los ladinos tracaleros quienes, usando el artilugio del engaño verbal, consiguen todo lo que quieren a costa de los otros.
Olvidaba decir que conozco a dos locutoras, no digo sus nombre por razones obvias (como la posibilidad de cercenarme la testa), fervorosamente dedicadas al arte de hablar, quienes, “prodigiosamente” manejan temas de actualidad como: crianza y cuidado de los hijos (sin tenerlos), relaciones armoniosas de pareja (y viven solas), resiliencia, duelo, empoderamiento, prevención de adicciones, entre otras temáticas, y además, siempre sonrientes se atreven a dar consejos como expertas, pero no lo son. ¡Habrase visto!
P.D. Hay que mantenerse lejos de la persuasión, alienación y enajenación que, con su verborrea provocan y producen estos charlatanes de la palabra sanadora, que ni sana; lo único que hacen es llenar sus bolsillos de plata, aprovechándose de la conciencia ingenua de sus semejantes.