Monterrey.- La historia es cíclica e irreversible como molienda interminable, perniciosa, mórbida. Llegas, la muela reventada por tu estúpido descuido y la mejilla como globo terráqueo. El médico del módulo te atiende rápido, procuras ir siempre con el mismo para evitar sorpresas desagradables como la loca que envió a tu esposa a urgencias por un problema estomacal arguyendo, en su fallido diagnóstico, que era cáncer.
Ya no está uno para esos sustos. Receta, medicamentos, el mismo desenlace de ayer, de mañana, de siempre. El doc. revisa en la obsoleta computadora y no hay en farmacia ningún antibiótico, te nombra varios con nombres raros. Decide por la penicilina inyectada, te estremeces recordando el polvito. Ese sí tiene que haber, dice el médico, ya sería el colmo. Te diriges a la farmacia, ni penicilina ni ibuprofeno (para desinflamar el cachete), el colmo de los colmos colmado. Regresas al mini consultorio, el doctor ya se va, no buscará otras opciones porque no hay. Dice indiferente:
- Pues hay que comprar las inyecciones mi profe, la infección es en la cara y se pondrá más fea si no la detenemos…
Y de nuevo te ahogan la rabia y la impotencia, otra vez a desembolsar de tu ya de por si jodido bolsillo, recuerdas con coraje que no te han entregado un medicamento controlado (y caro) en la farmacia del CEM desde hace meses, ni para que gritonear, allí no hay culpables, están en otra parte, es decir, mientras los HH (corruptos) líderes del SNTE se pavonean y se paran el cuello diciendo que todo está bien o que pronto se va a componer, el desabasto de medicamentos básicos sigue provocando estragos en uno de los renglones vitales para la sociedad en este momento: la salud de los profesores. ¡Ching…!