GOMEZ12102020

MICROCUENTOS PARA PENSAR
Disfraz
Tomás Corona

Monterrey.- Nadie ha calculado nunca la magnitud del efecto psíquico que provoca un disfraz. Enamora o aterra a quien lo ve, pero no es real, es solo un adefesio. Verlo también libera serotonina y por un breve tiempo se evade la dolorosa realidad con sendas carcajadas. Psicológicamente tiene un efecto devastador en las conciencias ingenuas y hace a las personas creer lo que no es. Atrapa a la muchedumbre entera mediante una falsa imagen que la hace mirar castillos en el aire. Ridiculiza al portador cuando se usa en un contexto incompatible. Cuando es original constituye una clara muestra de ingenio, talento y creatividad. Puede obrar para convencer al más desconfiado de que todo está bien, aunque acaben robándole. También sirve para arremedar personajes creados por la mercadotecnia y comercializarlos. Todos hemos usado uno alguna vez, pero que un gobernante use disfraz para, sabrá el Diablo para qué, nunca se había visto en México.