GOMEZ12102020

MICROCUENTOS PARA PENSAR
El panóptico
Tomás Corona 

Monterrey.- ¿Quién no cuenta, hoy en día, entre sus haberes, con un teléfono celular…? Terminó el documental y me sentí como preso en un panóptico. Todas las murallas a mi alrededor cayeron como hojas de papel y me quedé situado en el epicentro de la incredulidad. Invisibles luces cegaron mis ojos, mi intelecto, mi intimidad. Me sentí descubierto. Todos me miraban desde sus ojos fríos como escudriñando mis más recónditos secretos. La vecina, el transeúnte, el vendedor, mi esposa, la anciana, el gato. Al andar por la calle, en el super, en casa, en el parque, en la visita familiar. Sentí que su mirada era distinta, aumentada con rayos gamma o laser que perforaban y atravesaban mi epidermis. Entre que veía que me veían no atinaba a pensar. ¿Cómo ha podido suceder esto…?

     A través de las redes digitales nos enajenan, nos controlan, manipulan nuestra voluntad a tal grado de amar lo que odiamos y a la inversa. La guerra, la paz, el racismo, la pobreza, el dolor, la esperanza, la fe, el futuro, la sexualidad, todo está contenido en una cápsula virtual que nos aliena y acabamos creyendo lo que no es. Lo que consumimos, lo que hacemos, nuestros gustos y aficiones están predeterminadas por un encriptado algoritmo que se ha adueñado de nuestra conciencia crítica. La tecnología nos ha hecho presos en la mayor cárcel del mundo y como se decía en mi infancia de los extraterrestres, “alguien nos vigila”. Sin ningún atavío, desnudos del cuerpo y del alma andamos por allí, observados, victimados, analizados desde todos nuestros ángulos, por un gran ojo siniestro que todo lo ve…