Monterrey.- ¿Y los obsesivos compulsivos por la limpieza ya vieron satisfechos sus más oscuros deseos, sus más íntimos caprichos, sus más caros anhelos, en estos intolerables días de pandemia…? No, con las manos totalmente despellejadas por lavárselas tanto, con todo tipo de jabones y geles, ahora se dedican a inventar mezclas de líquidos para sanitizar, tres veces al día, el ambiente en el cual permanecen recluidos, no vaya a ser que una cochina mosca vaya a contagiarles el coronavirus.
Riegan su jardín desde dentro con una manguera especial, se bañan varias veces al día, aun cuando vayan solamente a la tienda de conveniencia y están pensando seriamente en mover todos los muebles de la casa, no vaya a ser que el bicho se oculte bajo la cama, en un ropero o en el sillón grande de la sala a, y en cómo limpiar las patitas a las palomas que se paran en la cornisa, que tal si traen el virus alojado allí. Pero la verdad, les hace falta una limpieza profunda en su exagerada y desquiciante manera de pensar, ser y actuar.