Monterrey.- En cualquier escenario, contexto o nivel social, algo malo está pasando con el léxico de los jóvenes.
Se ha devaluado, pervertido, vulgarizado, a tal grado que de sus bocas brotan culebras, arañas, escorpiones, gusanos, alacranes, como la de aquella niña, mala y grosera, del cuento.
Vrg, wey, chngd, mmon, pndjo, clero, ogt… Entre muchas otras, son algunas de las palabras preferidas y frecuentemente utilizadas por la decadente y desmadrosa juventud de hoy, independientemente de su sexo y guapura; sobre todo las que expresan sin pudor las bellas púberes canéforas, otrora dulces y candorosas, ahora grotescas, por decir tantas sandeces y atrocidades con sus lenguas soeces, de las que regularmente fluyen palabras corrientes y altisonantes.
Cuenta la leyenda que es así como se expresaban los borrachos, presos y prostitutas.
¿Qué pensarán (y sentirán) al usarlas en público de manera tan indiscriminada? ¿Pensarán?
No soy mojigato ni me espanto, pero da “pena ajena” escucharlos y no hay quién frene sus insidiosos impulsos.
Creo que su florido vocabulario obedece a la permisividad de los padres, la influencia de las redes sociales y a cierta música como la de banda y el reguetón, sus favoritas; entreotros factores, como la degradación social, en general.
Estarán de acuerdo conmigo, que el uso de esos aberrantes vocablos constituye un serio atentado a la decencia, la moral, la ética que deberían imperar en la forja de los noveles espíritus de nuestro mayor tesoro, nuestros niños y jóvenes, ¡ahora tan perdidos entre tanta barbaridad tecnológica!