Sin casa, sin padre, sin dinero, sin comida, sin esperanza, sin nada.
Hace muecas, mohínes, sonríe, parpadea y vuelve a llorar.
No sabe del sueño dorado que buscaban sus padres y que por supuesto no encontraron.
De nada le valdrán sus anhelos y hermosura, su futuro es la calle, la miseria, el sometimiento, la degradación, la ignominia, la segregación, la impotencia, la discriminación, la moderna esclavitud, el dolor, y un trillón de prejuicios y culpas con las que deberá cargar toda su vida “sin temerla ni deberla”.
Deseo fervientemente que pueda sobrevivir en este cada vez más inhumano mundo.