MICROCUENTOS PARA PENSAR
Náufrago
Tomás Corona
Monterrey.- Náufrago habitaba en sus propios demonios, encerrado en su ira, aspirando su tristeza, oliendo su dolor, tocando los límites del paroxismo, controlando con barbitúricos su ansiedad, bebiendo a diario su cáliz de amargura. Desde su oscura buhardilla atisbaba con sus ojos la miserabilidad humana a sabiendas de que no espera nada de nadie porque el mundo entero acabará traicionándolo, como siempre. Pletórico de paz espiritual, aprendió que la soledad es la mejor compañía para el ser humano. Se llenó de luz y fuerza internas hasta saciarse, como si se hubiera construido una coraza de grueso cristal a prueba balas. Todos podían verlo, pero ya nadie podría dañarle. Allí está, esperándolo todo y esperando nada, desea fervientemente llegar a ese estado ataráxico en el que nada importa, ni la pasión, los sentimientos, la fe, el amor, es decir, situarse y habitar para siempre en el importamadrismo existencial…