Monterrey.- Da pena ajena, comprobar que una amistad de años, realmente no lo era…
Aquellos momentos vívidos de emociones compartidas, de noches de bohemia; de proyectos por hacer, de esperanza en el futuro, de insatisfechas quimeras; de bromas inesperadas, de ingeniosa picardía, de confesiones sinceras…
De llorar en sobre los hombros, de abrazos reconfortantes, de debatir las ideas; de ser niños nuevamente, de platicar de sus cosas, de estar bajo las estrellas, de saber que eran hermanos, de contarse los secretos, de la confianza sin pena.
Bastó para comprobarlo sentir el dolor punzante de puñalada trapera, alevosa, certera, que desgarró un corazón y desangró un alma entera.