GOMEZ12102020

MICROCUENTOS PARA PENSAR
Sabor de engaño
Tomás Corona

Monterrey.- Solo quedaron cenizas del macho aquél. Su esposa (la oficial) se empeñó en hacerle el velorio. Su pelado chingón lo merecía, aunque nunca tuvo un trabajo fijo, su pasión por las peleas de gallos, los juegos de azar y el alcohol absorbía completamente su vida. Era un apostador nato. A veces le iba bien en esos menesteres, sin embargo, toda su ganancia se iba en sus francachelas, pero allí estaba su mujer-maestra para mantenerlo y darle sus pequeños lujos: sombreros elegantes, camisas vaqueras de marca, por supuesto, botas hechas de piel de diferentes animales, anguila, avestruz, vaca. Mi guapo, le decía. Ni un peso, ni pensión para ella, pero su viejo, muerto a cuchilladas en un callejón oscuro, sabrá Dios por qué, se merecía un servicio fúnebre digno, aunque nadie fuera. Entonces la noche se llenó de furia y desconcierto, las cenizas en el ánfora convulsionaron entre el susto, la burla y el escarnio cuando aparecieron tres mujeres engañadas para disputar la jugosa herencia que aquel macho calado les había prometido… ¿Habría hijos inocentes de por medio…?