Monterrey.- Uno vive como aturdido en estos ardorosos días en los que el umbral de la tolerancia mental y corporal ha traspasado todos los límites.
Aturdidos por el calor, la insensatez, la prisa, los otros, la escasez, el desencanto, el miedo, la basura, el deshonor, la flagrancia, la sequía, el duelo, la política, el odio, la estulticia, la corrupción, el dolor, la incomprensión, la duda, la estupidez, la inmundicia, el morbo, la miseria, el desamor…
Cautivos, oscilando en la infernal vorágine, no vemos la hermosura de la vida: el amor de los hijos, natura y sus encantos, las risas infantiles, las palomas volando, la sonrisa fraterna, el nacarado cielo, los amigos cantando, la lluvia inesperada, las neuronas mutando, la rítmica guitarra, el rojizo celaje, el amanecer fresco, el amor celebrando…
Y seguimos allí, presos en el aturdimiento y el espanto…