Monterrey.- 10 de septiembre de 2021. Tobías llegó a la secundaria con una leve sinusitis que el paupérrimo filtro de la entrada, gel y termómetro chafas, no pudo detectar. Así estuvo toda la mañana, hasta que la maestra Rosy notó la rojez de su rostro y le pidió que la acompañara a la dirección. Volvieron a revisarlo en un ambiente sublimado por la desesperación de las secretarias y la subdirectora. 42 grados de temperatura y dificultades para respirar. La alarma cundió como llamarada. El diagnóstico fue inevitable, fatal, irrefutable. Covid delta. Falleció a los tres días. No voy a decírselas, pero imagine usted las nefastas y horrorosas consecuencias que dejó su injusta muerte. Este cuento es un vaticinio, una premonición. No ha sucedido, pero si se empeñan en que regresemos a clases, sucederá…