PEREZ17102022

MICROCUENTOS PARA PENSAR
Un mundo de colores
Tomás Corona

Monterrey.- La mayoría de los abuelos tenemos, por gracia del creador, una nieta maravillosa que ilumina nuestros días y torna inmensamente feliz nuestra vejez. Pero esta nena, mi nieta, a quien adoro, es excepcional. Inquieta, soñadora, creativa, amorosa, perseverante y audaz.

Bastante madura a sus seis años, confirmo esto porque regularmente hace preguntas muy profundas, difíciles de responder; por ejemplo, cuestionar a la novia de mi hijo y decirle que por qué lo amaba y que si no lo amaba entonces no debían estar juntos y tampoco podían casarse. La novia de mi hijo no supo qué decir y solo esbozó una sonrisa expectante.

Regularmente expresa comentarios insólitos para una niña de su edad y siempre ha sido así, reflexiva, analítica y su memoria es prodigiosa. No exagero; si te regaló una notita, un objeto, un dibujo, cualquier cosa, cuando menos lo esperas te pregunta si todavía los conservas, aunque hayan pasado dos o tres años.

Desde muy pequeñita hace conjeturas y llega a conclusiones a las que sólo un adulto letrado podría llegar. Además le encanta dibujar, pintar, colorear, hacer cartitas, decorarlas y entregárselas a los destinatarios. Cabe señalar que aprendió muy pronto a leer y escribir, igual que su abuelo, o sea yo, jejeje…

Un día me preguntó por qué escribía cuentos, y yo le respondí: porque me gusta mucho hacerlo. Entonces me dijo que si era difícil escribirlos; yo le respondí que no tanto. Se iluminaron sus ojitos bellos, se animó y me dijo que ella quería escribir uno y, desde su inventiva natural, comenzó a dictarlo en mi celular (es sorprendente todo lo que puede hacer ese aparatejo).

Aquí les narro el primer cuento escrito por mi nieta Andrea Mauret.

Título: Un mundo de colores.

Había una vez un mundo gris en el que todas las personas estaban siempre muy tristes, lloraban por cualquier cosa y no tenía ganas de hacer nada.

Entonces, un día muy soleado aparecieron una nubes gordas y negras en el cielo y empezó a llover. Y luego, después de la lluvia apareció un arcoíris muy brillante, con los siete colores que todos conocemos, pero nadie se acuerda de ellos hasta que lo vuelven a ver: azul fuerte, rojo, violeta, verde, amarillo, naranja, azul clarito.

Al ver cómo brillaba, todas las personas empezaron a pintarse de colores: vestidos rojos, sombreros amarillos, faldas moradas, blusas naranja, trajes azules, pantalones cafés, zapatos verdes y muchas, muchas caras sonrientes con los cachetitos rojos.

También los animalitos, las plantas, las nubes, el cielo y todo el paisaje se llenaron de color y desde entonces, en ese lugar donde todos eran grises y estaban tristes, todo cambió y: ¡vivieron felices para siempre!

“Este cuento se ha acabado. El que se quede sentado se queda pegado”

Y me levanté muy orgulloso, después de haber escuchado tan estupenda historia.


Nota: La mención de los hombres grises en el cuento de mi nieta, me recordó la historia de “Momo”, de Michael Ende. ¡Creo que ya sé cuál es el próximo libro que le voy a regalar!