GOMEZ12102020

MICROCUENTOS PARA PENSAR
¡Tamales…!
Tomás Corona

Monterrey.- Es domingo. Llegas a hospedarte en la casita de aquella colonia medio privada que amablemente te ofrecieron al sur de la ciudad, será incómodo desplazarte, pero fue mucha la insistencia y el buen corazón, además, “a caballo regalado no se le ve lado”. Pasan las horas largas, entre meditaciones y reflexiones, es tan rico estar solo… De pronto se hizo de noche y comienzan a “gruñirte las tripas”. En la torre, sabes bien que no eres bueno para el uso de las “apps”, apenas tienes la que está cerca de tu cuadra y regularmente hablas por teléfono para hacer el pedido.

Sales dispuesto a encontrar algo para cenar. ¡Oh maravilla…! Pegado en el barandal hay un papel con propaganda de venta de pizzas, ¿y tus triglicéridos…?, ni modo, el hambre ya es mucha. Está medio raro el papelucho. Llamas, te informas, y no tienen servicio a domicilio, tú debes pasar por el pedido, pero no sabes ni siquiera donde estás, jajajaja, solo sabes que es el sur de una ciudad totalmente extraña para ti. Agradeces, ni modo, habrá que buscar, aunque sea una tiendita para comprar pan, jamón y aguacate, si es que hay.

Llegas hasta un parque sin luz mercurial que se ve medio tenebroso. Decides rodearlo cuando de pronto un ser luminoso emerge de la oscuridad. Empujando un diablito y una enorme olla, un anciano asoma a la velada luz de la calle gritando:

     - ¡Tamales…! ¡De queso con rajas y frijol, también hay de chicharrón rojo y verde y de puerco…! ¡Tamales…!

Canto de sirena para tus oídos, rica masa para tus hambrientos intestinos, los triglicéridos son borrados automáticamente de tu cerebro. No son tamales comunes, sino de buen tamaño, como la mitad de un tamal “borracho”, están resguardados, cada uno, en una bolsita de plástico y extrañamente enredados de punta a punta con un mecatito. Pagas y así como apareció, furtivamente, el viejito luminoso se pierde nuevamente en la oscuridad. Vas por una “coca sin azúcar” a la tiendita, regresas a la mona casita y degustas, solo y egoístamente, un manjar que sabe a gloria, ya mañana Dios dirá…