RODRIGUEZ29112024

MICROCUENTOS PARA PENSAR
“Lord Corruptelas”
Tomás Corona

Monterrey.- Hoy quiero contarles la historia de un ex alcalde que habita acá por tierras regias. No diré su nombre, porque seguro estoy que si lo hago, mi cortada cabeza rodaría por la margen del arroyuelo que corre por el desecado río Santa Catarina.

Lo bautizaré como: “Lord Corruptelas”, por sus ilícitos actos políticos y su raro hábito de agenciarse y malgastar dinero que no es suyo, es bien sabido que ha vivido y disfrutado del erario público desde hace muchísimo tiempo (y su familia también, acostumbrada a los lujitos que da la mamadera y exprimidera de la ubre gubernamental).

Además, es un indigno representante del más puro e inequitativo nepotismo politiquero al incrustar cómodamente a su vástago en “el palacio del rey número non”, donde todo se puede, sobre todo robar justificadamente, facturando a través de empresas fantasmas, por ejemplo, como lo hace su archienemigo político el cual tampoco nombraré.

Como figura pública que forzosamente tuvo, o tiene que ser, que “pena ajena” verlo en días pasados presumiendo sus onerosos lentes de oro que dejan entrever su frivolidad y sus poses de divo macilento. Chocante también, en su farsico papel, cuando hace comerciales de tiendas extranjeras o anuncia productos de marca, ejerciendo una especie de perversión mediática enmarcada por una mercadotecnia también perversa. O, “peor tantito”, cuando habla de Dios, agradeciéndole todo lo que le ha dado, sin soslayar que para que ese milagrito suceda, debe usar sus largas uñas y corto entendimiento. En fin, se la pasa mezclando alevosa y peligrosamente temas de política, religión y venalidad comercialoide.

¿Hasta cuándo nos liberaremos por fin de estos nefastos e inmorales individuos, remedos de políticos que roban y roban infinita y descaradamente, de estas indeseables, lacras sociales que sangran sin escrúpulos los impuestos que todos pagamos? ¿Acaso no habrá nadie que pueda detenerlos, un fiscal de hierro, por ejemplo? A Juan Pueblo lo declaro incapaz de confrontar y resolver este complicado entuerto por cobarde y agachón. Es más, mucha gentuza crédula admira y le canta loas a este tipejo, ¡habrase visto semejante atrocidad!