Austin.- Hace unos años charlando con mi colega y amigo Jorge Gil (QEPD), quien había diseñado una computadora para niños, me comentó con asombro que el MITI, Ministerio de Comercio Internacional e Industria de Japón, estaba financiando una computadora de nueva generación, para lo que destinarían 1,000 millones de dólares, cantidad que en ese entonces era enorme.
Esa computadora tendría la capacidad de aprender a pensar, aunque no conozco todos los niveles a los que ha llegado la inteligencia artificial (IA), al parecer las máquinas todavía no saben aprender, analizar, comprender y resolver problemas complejos, de donde se desprenden decisiones políticas y económicas fundamentales.
MITI intervino en las “industrias domésticas y negocios no cubiertos por otros ministerios, impactando las áreas de inversión en plantas y equipos, control ambiental, energía, algunos aspectos de asistencia económica internacional y quejas de consumidores” (https://en.wikipedia.org/wiki/Ministry_of_International_Trade_and_Industry).
MITI promovió las áreas estratégicas: electricidad y electrónica, economía digital y farmacéutica.
En 2001 la agencia se convirtió en Ministerio de Economía, Comercio e Industria (METI), pero fue un factor central para el despegue económico de Japón. Malasia ya copió el modelo, creando su propio MITI cuya atención central es: electricidad y electrónica, farmacéutica, economía digital, aeroespacial y química.
Mientras la MITI ayudaba a consolidar el poder económico de Japón entre 1949 y 2001, México lograba avances magros, su“milagro económico” con un fuerte crecimiento económico y baja inflación (1946-1971) no logró establecer una estructura industrial y agrícola sólida; fue seguido por una espiral de caída, que entre otras cosas produjo un empobrecimiento brutal de la población, un crecimiento oneroso de la deuda, se maquilizó la producción industrial donde México aportaba mano de obra, empaques y servicios de comida para los empleados, una apertura comercial que arruinó a la enclenque industria, y una corrupción que ancló la menor intención de un crecimiento sano y compartido, y todo esto cubierto por una capa criminal que permitió que los criminales controlaran actividades económicas centrales (e.g. aguacate, limón, ganadería, etc.). La pobreza, la represión y el “crimen autorizado” motivaron la fuga de personas, más del 10% de la población mexicana reside en Estados Unidos.
La situación mexicana en el siglo XXI es de una gran vulnerabilidad y dependencia y al parecer camina en encrucijadas que llevan a caminos sin salida.
La situación mexicana parece carecer del liderazgo que se atreva a realizar una reforma radical, que rompa con las tendencias negativas, que cambie el enfoque de corto plazo enfocado estrictamente en lo inmediato, y enfrentar un futuro que no puede construir ni diseñar, porque el país esta inerme ante los diseños de otros factores de poder.
La reforma radical que rompa con la inercia, podría consistir entre otras, en la creación de una MITI, no tropicalizada, porque eso implica copiar una iniciativa y contaminarla con vicios y desviaciones locales, sino estudiar, analizar, comprender esa experiencia y copiarle sus mejores rasgos para adaptarlos a nuestra realidad.
Con la MITI mexicana se debe repensar la política de comercio internacional, empezando por los tratados de libre comercio que en su totalidad son inefectivos; México no adquiere ninguna ventaja de ellos y es deficitario. Centrarse en la promoción de industrias clave para el desarrollo siempre pensando en que debe ser equitativo regionalmente. Ese MITI requiere de una burguesía local nacionalista que este interesada en el desarrollo nacional y no en realizar negocios con criterios abusivos, y fugar su dinero del país para ponerlo a salvo en otras economías ante cualquier señal que “no les gusta”.
Se debe iniciar un proceso de des oligarquización y nacionalización en el manejo de recursos: la minería está en manos extranjeras, que maltratan a los obreros, arruinan a las comunidades dueñas de las tierras de las minas y cuando éstas se agotan, dejan detrás desastres ambientales.
El ejemplo de Malasia es interesante porque identificaron sectores clave, algunos de los cuales son similares en muchos país (electricidad, farmacéutica, economía digital). La IA reclama ya grandes cantidades de energía y reclamará más, pero también lo hará un proceso de industrialización acelerada para el que hay que prepararse.
México tiene una escala demográfica y económica apropiadas para la inversión, pero no puede seguir pensando que su salida está en atraer capital extranjero y continuar maquilizando al país, porque con ella ni siquiera la fuerza de trabajo se beneficia de salarios que le permitan un nivel de vida adecuado, y hasta la basura que producen se vuelve mexicana.
Para reforzar al MITI se requiere de una política científica y de tecnología sólida y una política de seguridad que garantice un amplio espectro de libertades y erradicar el crimen, empezando por romper las ligas entre los criminales y el poder.
Un sistema educativo fortalecido y moderno, incluyendo una buena política artística y deportiva, creará al ciudadano del siglo XXI que sepa luchar nacionalistamente y consolide la democracia.
En parte la MITI fue efectiva por el contexto cultural japonés que asegura la unidad, el honor como bien nacional y el nacionalismo. No fue una política creada en el vacío.
En México debe suceder lo mismo. La unidad nacional no puede ser parte de un discurso hueco, tiene que ser parte de una ética nacional, de la mano con un fuerte nacionalismo que se traduzca en un sólido compromiso para el futuro.