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           Fotografía: Manuel Martínez Gutiérrez

Nos sentíamos invencibles
Elizabeth Hernández Quijano

Huesca, España.- Pandemia: hace siglos que esta palabra forma parte de la historia mundial. La literatura, el cine y las series de televisión, utilizan este argumento en donde proliferan la guerra bacteriológica o vírica: Pandemia. Comenzó en diciembre y parecía un problema de otros. Este principio del año 2020, vimos por la televisión cómo en China hacían en diez días un hospital para mil enfermos que esperaba recibir por coronavirus. Está palabra se fue haciendo hueco en nuestra sociedad española, a medida que aumentaban las estadísticas de los contagios en ese país.

     Los científicos chinos sabían la gravedad y, con el apoyo de su gobierno, se preparaban para una gran crisis vírica.

     Cerraron una ciudad para que el virus saliera con menos potencia al mundo, o cuando menos eso es lo que veíamos por la televisión que intentaban hacer los chinos. Lo sentíamos como algo que parecía exagerado. ¿Cómo podría Europa cerrar sus fronteras o poner en cuarentena a la ciudadanía? Era algo que no podíamos creer desde nuestros hogares. Se nos ha dicho que somos una sociedad de primer mundo. Cuando menos así lo sentíamos al ver los informativos, el virus parecía muy lejano y que no llegaría a nosotros, que sería una simple alarma de nueva gripe y que todo volvería a la normalidad. Que China estaba exagerando las cosas y nosotros formamos parte de la Comunidad Europea, así que, nos sentíamos invencibles.

     España es de los países con un buen sistema sanitario. No pensamos que realmente iba a llegar una pandemia en pleno siglo XXI. Estamos preparados para todo. Existen muchos adelantos científicos, nos decíamos para tranquilizarnos. Desde China escuchamos del confinamiento de una ciudad entera: Wuhan. Sus habitantes enfermaban del nuevo virus, el Covid-19.

     En un principio no imaginamos lo que ahora estamos viviendo. Italia fue el primer país europeo en cerrar algunas de sus ciudades para intentar contener los contagios. Así que esta cuarentena comenzó a preocuparnos, aunque no del todo, porque en España parecía impensable, era un tema importante de los telediarios, pero no como una alarma. Era algo lejano para nuestras ciudades de monumentos antiguos y bellos lugares turísticos, con grandes museos preparándose para las vacaciones de la Semana Santa. Como cada año muchos españoles esperaban las tradicionales procesiones que atraen turismo nacional e internacional. Otras personas hacían planes para las vacaciones, o para ir a su segunda vivienda en la playa o la montaña. El turismo de estas fechas ayuda a la economía de muchos países, generando un mayor consumo, dan liquidez a los empresarios y trabajadores de la hostelería en primer lugar, pero otros negocios también se benefician del movimiento de la gente de un sitio a otro. Muchos desempleados esperaban estas fiestas con esperanza. Y llegó la primera desilusión nacional: cancelaron las ‘Fallas en Valencia’. Después las Cofradías confirmaron la cancelación de las procesiones a nivel nacional. También se confirmó la prohibición de reunirse en cualquier culto espiritual fuera de nuestras casas.

     El 14 de marzo de 2020 se nos fue la posibilidad de ser invencibles y fuimos confinados a una cuarentena nacional. Pocos días después se cerraron las fronteras en la Comunidad Europea, incluso entre países integrantes. Y con el paso de los días no podemos movernos de nuestro domicilio habitual. Está prohibido usar transporte público, autobús, tren, barco o avión. En tu propio automóvil sólo puede viajar una persona, o máximo dos, si por alguna circunstancia deben ir juntos y el motivo lo amerita. Es una situación que bien podría verse en una serie o película pero, desafortunadamente para todos, ya es una realidad.

     Este año no hay trabajo para muchos que viven del turismo, de la hostelería, de la construcción. No hay movimiento económico ni para grandes empresas ni para pequeños empresarios, como son los autónomos. Tampoco trabajarán muchos desempleados que estos días estivales de abril eran un aire limpio para salir del atolladero. Los pequeños y grandes empresarios se acogen a un sistema de ayudas del gobierno español que se denomina ERTE. Y cerraron sus negocios, restaurantes, bares, cafeterías, etcétera, con la condición de no despedir a sus trabajadores de plantilla, porque les pagará el estado el 70 por ciento de su salario mientras dure el confinamiento.

     Este sistema económico permite a los trabajadores tener la confianza de que cuando termine el confinamiento se volverán a abrir los negocios con los mismos trabajadores. En teoría se espera que los mismos jefes, que son autónomos y tienen compromisos económicos que deben cubrir como alquileres, agua, luz, gas, impuestos y un largo etcétera, según el negocio; y el gobierno pone medidas económicas para ver si cuando pase todo la economía puede subsistir. Y escuchamos que también grandes empresas y equipos de fútbol se acogen a este sistema.

     No hay fútbol en España ni el mundo, no saben los directivos de los clubes si soportarán el confinamiento y las nuevas normas que habrá que poner para no exponer a nadie en el contagio del virus. Esta es una economía y entretenimiento que está detenido al público hasta nuevo aviso, porque ahora tanto clubes como jugadores, árbitros y federaciones están en las pertinentes estira y afloja para que subsista el fútbol, a la mayoría de los jugadores se les ha bajado el sueldo o la prima por jugar. Ahora nos damos cuenta que es más importante el invertir en nuestra sanidad que en pagar sumas estratosféricas a jugadores. Apenas nos damos cuenta lo que cuesta nuestra salud.

     Las playas están solitarias. No habrá turistas bajo el sol mediterráneo. Están atracados barcos de pesca y veleros en los puertos. Los chiringuitos, restaurantes y bares no se sabe cuándo abrirán. No se permite a los españoles con segunda vivienda ir a su pueblo o al sitio de playa. No se deja entrar a nadie en el litoral. Se ponen multas que van de los 600 a los 60 mil euros; y sí las ponen cuando no tienes motivo para salir de casa. Pocos se escapan porque están cerradas carreteras y son controladas por la guardia civil, la policía nacional o los militares. No hay nadie en museos, ni por las calles pasan coches, ni bicicletas o paseantes. Hay muy poca gente que usa los trenes o el metro de Madrid, porque es la ciudad con más infectados de España.

     Se puede viajar únicamente con un permiso especial, ya sea entre comunidades y pueblos, o alguna urgencia. Tampoco se puede salir a más de cien a trescientos metros de tu casa para pasear al perro; y no puedes hacerlo en un parque, también es multa. Y se acabaron las risas en los jardines infantiles. Las flores brillan y las aves vuelan sobre un aire más limpio, más puro, porque nada se mueve. Sólo la lista de los contagiados, los fallecidos, los recuperados y sus consecuencias de esta pandemia.

     Esta es una lotería en la que puede tocarte. Así que lo mejor es tomarlo con calma y ¡no salir de casa!, sólo a lo necesario. Es importante lavarse las manos, desinfectar, como dicen las autoridades. Es cierto lo que está pasando. Debes cuidarte y cuidar a los tuyos, antes que a México lo veamos llorar, como lo hace la madre patria. Todo parece indicar que el confinamiento funciona.

* Escritora, poeta y gestora cultural. Nacida en Vallarta, Jalisco (1965) . Vivió en Monterrey, Nuevo León muchos años y se considera de esta tierra. Reside en España desde el 1999 con nacionalidad española-mexicana. Estudio en el 1er. Colegio de Escritores de la Frontera Norte de la SOGEM y en la Ciudad de México. Estudio en España Gestión Cultural, Administración de Empresas, Publicidad y Ventas. Participa en Encuentros internacionales de Escritores y de Clubes de Lectura. Ha ganado un premio de Edición por su libro EL MUSO. Obtuvo mención honorífica en certámenes de poesía de Monterrey. Fue alumna en talleres literarios de Margarito Cuéllar, José Eugenio Sánchez, Mario Anteo, Rosario Barahona, Sergio Cordero, entre otros. Fue Gerente Administrativo del equipo de Fútbol 'Toros Neza'. 1990-1991 y 1991-1992 en segunda división A y subieron a primera división en temporada 1992-1993. Fue Asesora General de la Alcaldía de Huesca, como responsable del Gabinete de Imagen, con el Alcalde Fernando Elboj. (2007-2010). Es autora de los libros: EL MUSO (1997), EMOCIÓN AL DESNUDO (1997) Y LABIOS DE ENCAJE (2005). Es coautora del libro EL BAUTISMO DE LOS PÁJAROS junto a Bertha Mónica Treviño y Edith Ávila Romo (2001). Es presidenta fundadora de la Asociación Literaria Aveletra de Huesca, Aragón. (2002). También ha sido presidenta fundadora de la Asociación PlayArt de Salou, Cataluña. (2005). Ha impartido clubes de lectura, talleres de creación literaria y animación a la lectura infantil y de adultos en diversas bibliotecas de Aragón.

     Tiene varios libros de poesía y relatos que está preparando para su próxima publicación, ya que ha dedicado más tiempo a la gestión de Aveletra que ha editar sus libros. Está incluida en varias antologías tanto en México como en España. Actualmente reside en Huesca, España.