Desde el inicio de esta crisis hídrica, decidí no poner tinaco en mi casa. Lo hice por mi soberana voluntad, en favor de los nuevoleoneses más desfavorecidos que no tienen agua.
Podrán criticarme todo lo que se les antoje, pero lo que haga con mi cuerpo y con mi casa sólo lo decido yo. Y entre esas decisiones está la solidaridad con mis paisanos.
Sin embargo, me doy cuenta de que una extraña guerra del odio inunda las redes sociales. Se trata de no aceptar las gestiones del gobierno federal en Nuevo León para resolver la crisis del agua.
En síntesis, algunos haters de redes quieren impedir que la federación nos mande recursos para El Cuchillo II, porque (dicen ellos) en el fondo “se trata de impulsar la precandidatura presidencial de Adán Augusto López”.
A mí me da igual cuáles sean las intenciones de quien nos envía recursos. Me interesa más bien que los acuerdos se cumplan.
Si se construirá en 10 meses un enrome acueducto de 100 kilómetros de longitud y 84 pulgadas de diámetro, con cinco estaciones de bombeo, bienvenido el recurso federal.
Si se abastecerá con 5 mil litros por segundo adiciónales al Área Metropolitana con el acueducto El Cuchillo II, bienvenido el recurso federal.
Si con el Cuchillo II también se abastecerá además del AMM, a General Bravo, China, Los Aldamas, Doctor Coss y el Distrito de riego agrícola 031, “Las Lajas”, bienvenido el recurso federal.
Seríamos unos ilusos si nos negáramos a este acuerdo por más de 10 mil 400 millones de pesos, en beneficio de los nuevoleonense. Bien por este acuerdo que celebraron el gobernador Samuel García y el gobierno federal. No es fácil.
Ni tú ni yo, lector, vamos a meternos con este boicot en las redes que, si cumpliera sus perversas metas, rompería el acuerdo entre órdenes de gobierno y nos dejaría sin una alternativa viable para mejorar el abastecimiento de agua a nuestras familias.
Con el agua no se juega.