GOMEZ12102020

OLMECAS: “LOS INCÓGNITOS”, II
Una mirada de pájaro en vuelo

Jorge Rhi-Sausi Galindo

Los Tuxtlas.- San Lorenzo Tenochtitlan.

     Su primer centro ceremonial ocurre en lo que hoy se llaman los poblados de San Lorenzo y Tenochtitlan en el municipio de Texistepec, Veracruz. Este sitio es el primer centro Olmeca de gran escala, los primeros asentamientos en el lugar ocurrieron alrededor del año 1500 ac, o sea, hace más de tres mil quinientos años ap (antes del presente); pero su época de esplendor inicia trescientos años después, en el año 1200 ac.

     Sin duda la experta más reconocida en la excavación y exploración de San Lorenzo Tenochtitlán es Ann Cyphers (UNAM). En su reciente libro “Las Bellas Teorías y los Terribles Hechos” (UNAM, 2012) nos presenta una detallada descripción del sitio arqueológico, además de actualizar datos previamente publicados. Por ejemplo, la extensión de la meseta de su asentamiento ahora se estima de alrededor de 300 hectáreas a diferencia de las 125 Ha previamente reportadas. También indica que el sitio estaba rodeado por dos rutas fluviales que ahora existen solo como ríos extintos, por lo que en realidad era una isla entre ríos.

     En el plano topográfico que reporta del sitio para indicar la posición de las pruebas con barrenos de exploración que realizó, algunos arqueólogos originalmente consideraban que pudo haber sido una efigie con la forma de una gran ave en vuelo, sin cabeza y con las alas extendidas. Argumentando que las barrancas fueron hechas a propósito para darle esa forma. Ann Cyphers reporta que los resultados de sus pruebas con barreno demuestran que no fue así, que las barrancas se erosionaron con el paso del tiempo y que originalmente estaban conformando la meseta del centro ceremonial.
Lo más sorprendente en términos de tareas colectivas realizadas por los habitantes de San Lorenzo fue que modificaron una meseta natural al añadirle millones de toneladas de tierra con el propósito de construir, nivelar y expandir su centro ceremonial y de viviendas.

     A. Cyphers reporta que tal volumen de tierra excavada y llevada manualmente para nivelar y expandir la meseta natural original, equivaldría a siete veces el volumen de la pirámide del Sol de Teotihuacán o tres veces la pirámide de Giza en Egipto, casi tanto como la gran pirámide de Cholula. Sin duda estas tareas gigantescas tuvieron un empeño social muy alto. Y todo por asentarse en una isla entre ríos. Lo que en otras civilizaciones la falta de agua fue el motor para su desarrollo, en el caso olmeca se podría decir que fue el exceso.

     Una característica especial del sitio es la enorme cantidad de piedra demandada para la producción de esculturas, tronos, o cabezas colosales; tan solo en 159 monumentos del sitio San Lorenzo y sus lugares aledaños (hinterland), se calculan más de quinientas veinticinco toneladas de piedra procesada. Lo más extraordinario es que todo este volumen de piedra no era originario de allí. Toda la piedra tenía que ser transportada desde distancias de sesenta kilómetros o más, la proveeduría del basalto y otras rocas estaba en el macizo volcánico de Los Tuxtlas y sus alrededores.

     El consenso arqueológico sugiere que el Cerro Cintepec, a corta distancia de Catemaco, Ver., quizá fue la fuente principal de sus piedras, también de talleres de piedra (líticos) como Llano del Jícaro (La Bomba), sin embargo, no se descarta que también hayan utilizado basaltos de la costa, tal y como lo hicieron en La Venta cuatrocientos años después.

     Diez, de las diez y siete Cabezas Colosales que se han descubierto en todo el Olman provienen de este sitio.

     También construyeron un sistema de conducción de líquidos a base de losetas de basalto que se considera podría haber sido algún tipo de drenaje o conducción de agua, lo cual implicaba un conocimiento hidráulico en el manejo del preciado líquido. Un recinto importante en San Lorenzo es el llamado Palacio Rojo donde se pueden apreciar los ductos de losetas de basalto. Desafortunadamente en la actualidad el Palacio Rojo solo se puede apreciar a través de fotografías pues se volvió a enterrar para su protección y evitar saqueos.

La Venta.
El siguiente centro ceremonial Olmeca se desarrolla en lo que hoy se conoce como el poblado de La Venta, en el municipio de Huimanguillo, en Tabasco. Su período más importante cubre desde el 900 ac y cuatrocientos años posteriores. Es el centro ceremonial más complejo de los tres y con una clara distribución urbanística y arquitectónica.

     Aparece la primera gran pirámide en Mesoamérica con una altura ligeramente superior a los treinta metros en su vértice truncado y cerca de cien metros por lado en su base. Todos sus edificios y construcciones siguen una alineación de sur a norte con una divergencia de tan solo ocho grados desfasados hacia el oeste. No se dispone aún de una explicación razonable de esta desviación que evidentemente es intencional. Susan D. Gillespie de la Universidad de Florida nos presenta este extraordinario montaje de los planos originales del Complejo A de La Venta sobre imágenes de Google Earth (los textos son añadidos) .

     Nuevamente nos encontramos con un uso intensivo de material pétreo, si bien en menor escala con respecto al número de Cabezas Colosales pues solo se encontraron cuatro.

     La representación de gobernantes mediante esculturas monumentales se considera que ya iba en desuso, la presencia de estelas (bloques monolíticos con grabados) se perfilaba como mejor medio para asentar acontecimientos o deidades, indicando también quizás un cambio de una sociedad más orientada tipo individual a una más grupal, hacia una élite política “sin rostro”, como lo sería Teotihuacán mucho tiempo después donde no se ha encontrado ningún registro iconográfico de los gobernantes que los dirigían.

     En este nuevo escenario las cabezas colosales ya no serían requeridas como representación y trascendencia de la élite política; en Tres Zapotes, el siguiente asentamiento importante, solo se encontraron dos y otra más (la mayor de todas, de 40 toneladas y sin terminar) en un rancho algo distante llamado Cobata en las laderas del Cerro del Vigía. Esta Cabeza Colosal se expone actualmente en la plaza principal de Santiago Tuxtla, Veracruz.

     Todo esto sin considerar el enorme costo en recursos humanos y materiales que esas esculturas demandaban; desde el minado o recolección de la piedra base (preforma), su traslado, en algunos casos por una distancia de más de cien kilómetros a la metrópoli y el trabajo de esculpido que llevaba.

     Este proceso requería de una intensa mano de obra, además de los materiales perecederos que constantemente se tenían que suplir por su desgaste, pues el esfuerzo de mover bloques de piedra de 10 toneladas o más en caminos por montañas y terraplenes construidos in situ fue descomunal y sin descartar una gran cantidad de traslados fluviales. No hay duda que cada cabeza colosal requería de un gran esfuerzo social para su elaboración. Esta es una de las razones que los expertos señalan del porqué la representación de la élite política olmeca mediante cabezas colosales probablemente ya iba en desuso.

     Por otro lado, el uso de prismas basálticos o columnas en La Venta es mucho más intenso que el encontrado en San Lorenzo. Estas columnas de basalto fueron utilizadas para la construcción de una tumba (Tumba A) en el Complejo A, así como también para la construcción de una muralla o valla circundando la Plaza A-1, a las dos plataformas: Sureste y Suroeste al igual que para escalinatas y otros usos.

     Siguiendo el contorno de los planos de S. Gillespie de la Fase IV de construcción donde señala que es en esta fase cuando se importan los prismas basálticos, se ha estimado una longitud total extendida de la valla y demás aplicaciones de columnas cercana a los 200 metros.

     Todas las columnas estuvieron colocadas en posición vertical y muy adyacentes una de la otra. Esta valla o muralla de columnas se considera que tuvo el propósito de mantener privacidad en la Plaza A-1 y se ha sugerido que era utilizado como un recinto exclusivo de actividades religiosas. Señala I. Bernal: “Estos prismas basálticos, en forma de columnas pentagonales o hexagonales, por lo general miden de dos a tres y medio metros de largo y entre treinta y cuarenta y cinco centímetros por lado y se estima un rango de peso de 700 a 1,000 kilogramos cada una”.

     En un cálculo conservador se puede decir que cerca de 500 columnas o más fueron utilizadas en La Venta con un peso estimado total de alrededor de 350 a 500 toneladas, casi equivalente al peso total de las 525 toneladas de los 159 monumentos de San Lorenzo Tenochtitlan y sus áreas circunvecinas (hinterland), pero en este caso, sólo en columnas de basalto. Fue necesario un gran esfuerzo colectivo para importarlas pues en la región no se encontraban.

     Ignacio Bernal en su libro El Mundo Olmeca, escribe: “Mucho se ha discutido sobre cuáles fueron los sitios de donde los olmecas sacaban sus piedras y de cómo las transportaron hasta La Venta u otros sitios carentes de este material...Heizer y Williams resumen bien el problema, indicando que los monumentos de La Venta son andesitas muy similares a las del río Teapa, que provienen del volcán de la Unión (Chichonal)…
                 Es más difícil decidir el origen de las columnas de basalto, pero se encuentran en Roca Partida al norte de Montepío, hacia el norte de los Tuxtlas y en la costa(cursivas del autor).

     Este pasaje es importante porque establece que los orígenes de las columnas de basalto utilizadas en La Venta provenían de Roca Partida, a una distancia de más de 160 kilómetros por la costa. Desafortunadamente Bernal no nos brinda ninguna referencia o análisis mineralógico de tal afirmación, pero su intuición resultó ser ¡absolutamente cierta! Como más adelante se verá.

     El Museo de La Venta en el sitio arqueológico, el Parque Museo de La Venta y el Museo Regional de Antropología-Carlos Pellicer localizados estos últimos en Villa Hermosa, Tabasco, son importante visitarlos para apreciar este extraordinario sitio arqueológico.

Tres Zapotes.
Tres Zapotes está ubicado en el municipio de Santiago Tuxtla, en Veracruz y floreció del año 300 ac al 200 dc. Este nuevo centro emergería en el oeste de Los Tuxtlas y las tierras bajas del Papaloapan. Para el 400 ac La Venta estaba prácticamente abandonada y Tres Zapotes sería el puente cultural entre las sociedades maduras olmecas y las culturas del clásico veracruzano.

     Considerado Epi-Olmeca por los especialistas, de Tres Zapotes se percibe la sensación de ya no ser Olmeca, sin embargo, tiene en su haber varios “primeros” como lo señala C. Pool: a) La primera cabeza colosal reportada, b) La primera investigación arqueológica moderna en un sitio del Olman, c) La primera secuencia cronológica del Olman basada en excavaciones estratigráficas, d) El descubrimiento de la Estela C y su inscripción del calendario de “La Cuenta Larga” por Matthew Stirling y la reconstrucción de su fecha del 32 ac por Marion Stirling que proveyó una prueba crítica de la antigüedad de la cultura Olmeca.

     Como en el caso de San Lorenzo Tenochtitlán y La Venta, una visita al Museo de Sitio de Tres Zapotes es muy recomendada.

La Costa de Los Tuxtlas
En esta zona los pobladores de la costa han encontrado una serie de piedras grabadas que coloquialmente les llaman “huellas de dinosaurios”, pues en algunas ocasiones estas marcas semejan un abanico de hendiduras similares a las huellas de las aves. Por supuesto que esto no es posible pues sus improntas están grabadas sobre basaltos expulsados por volcanes, por lo que una inspección más minuciosa revela que estas hendiduras evidentemente fueron talladas por el hombre.

     Los Talleres Líticos. “El triunfo en la arqueología es 30% de ciencia y 70% de buena suerte” Jacques Soustelle.

     El basalto en sus múltiples aplicaciones y productos era un material muy apreciado y requerido por la sociedad olmeca, estaba presente en todas las actividades de la vida cotidiana y no solo en monumentos ceremoniales. Eran productos para el herramental mínimo necesario de una canasta básica de supervivencia y no solo de subsistencia, por lo que podríamos decir que eran bienes de consumo generalizado, similar a la cerámica, pero más amplio, pues incluía artículos de protección personal y de caza.

     La producción de estos bienes se considera que no era posible ser “hecho en casa” (home made), pues se requería de conocimiento, herramental y trabajo muy especializado. Esto no significa que en forma individual no pudiesen producir algunos de sus artículos pétreos más sencillos, pero los elaborados por los talladores de oficio seguramente eran más apreciados, por lo que se podría esperar que hubiese talleres donde se produjeran estos productos y de ahí, al mercadeo (intercambio). Seguir sus rutas es tan importante como las de la obsidiana, el jade, o la sal, son rutas de tránsito; de bienes y de ideas.

     Las interrogantes que se esbozan con relación al consumo de basaltos y otras rocas en los centros ceremoniales o metrópolis del Olman son: ¿de dónde provienen?, ¿qué ruta siguieron?, ¿cómo los transportaron?, ¿quiénes lo hicieron?

     Ricardo Peralta (Instituto de Ingeniería, UNAM) y José Luis Rubalcaba (Instituto de Física, UNAM) analizaron muestras de los afloramientos de prismas basálticos (columnas) que se encuentran en Arroyo de Lisa/Costa de Oro (cerca de Roca Partida), La Venta, y Jaina, un sitio maya entre Cd. Campeche y Celestún, éste último se añadió para señalar las diferentes composiciones químicas cuando los basaltos provienen de distintas génesis volcánicas. En base a los resultados obtenidos no queda duda de que el origen de las columnas de basalto de La Venta es de la zona de Roca Partida.

     De la segunda pregunta, ¿qué ruta siguieron? no están reportados trayectos específicos, pues no hay orígenes específicos, por lo que es un tema en discusión: rutas fluviales, rutas marítimas y terraplenes, son candidatos a ser escudriñados por los arqueólogos.

     Con referencia a ¿Cómo se los llevaron?, Richard Diehl (University of Alabama) en su trabajo “De cómo los reyes Olmecas obtenían sus cabezas”, propone un esquema sobre el probable traslado de una cabeza colosal para lo cual sugiere tres posibles fuentes: 1) Lo que el monumento mismo nos dice mediante marcas o huellas de arrastre o carga, así como también en los vestigios encontrados en los talleres primarios o en las fuentes de los basaltos. 2) Lo que algunos dibujos de civilizaciones anteriores nos han legado para mover monumentos de similar tamaño, vr.gr. egipcios, asirios. 3) La Arqueología Experimental.

     Finalmente, ¿quiénes lo hicieron?, tiene que ver si los olmecas receptores de las piedras eran los mismos que los que las enviaban o eran pobladores locales quienes se encargaban de minarlas y transportarlas, quizá con la supervisión de los escultores de los “talleres palaciegos”, como se les llama a los artesanos que radicaban en las metrópolis. Tampoco es conocido en el caso de que fuesen pobladores locales, del porqué lo hacían: ¿tributo?, ¿coerción?, ¿por afinidad ideológica?, ¿comercio? Es una asignatura todavía pendiente.

     Retomemos las “huellas de dinosaurios” dispersas en las playas de la Costa de Los Tuxtlas. Se han identificado lo que pudieran ser Talleres de Piedra (Líticos) Olmecas. Dos tipos de talleres resaltan a la vista indicando una clara especialización, tanto de los bancos de basalto como de los artesanos que laboraban en ellos. Se pueden clasificar como: a) Talleres de “Columnas o Prismas Basálticos” y b) Talleres de “Artículos Utilitarios”.
Talleres de “Columnas o Prismas Basálticos”.

     Las columnas de basalto tuvieron un gran auge en La Venta, pero no así en San Lorenzo Tenochtitlan y Tres Zapotes donde poco se usaron. Algunos expertos mencionan que tal vez fue por su costo de minado y traslado. Ignacio Bernal, refiriéndose al uso de columnas de basalto en La Venta escribe: “Este tipo de arquitectura de basalto columnar solo se ha encontrado también en San Lorenzo. Es una arquitectura inmensamente costosa y con pocas posibilidades. No hizo fortuna ya que no se continúa en Mesoamérica”.

     También por el lado del abasto pudo haber una limitante, se puede observar en los frentes de basaltos actuales que prácticamente no quedaron columnas en su estado original, excepto por las que están fundidas entre sí y adheridas al frente columnar.

     Los talleres de columnas o prismas de basaltos se aprecian en los afloramientos de: Arroyo de Lisa/Costa de Oro, la Isla Terrón y Balzapote.

Talleres de Artículos Utilitarios.
Las “tajaduras” y las “tazas” talladas en las rocas de basalto llamadas por los pobladores locales “huellas de dinosaurios”, Alfredo Delgado (INAH) las identificó como tallas olmecas.

     La profusa cantidad de piedras talladas encontradas en varios sitios por la costa indica que no eran operaciones familiares, por el contrario, la cantidad tan grande de piedras trabajadas revela más bien la operación de talleres líticos (productos de piedra) con capacidades muy superiores a las necesidades de una o varias familias.

     Esto es, la producción de utensilios tales como: hachas, metates, manos, martillos y demás enseres domésticos, así como de protección personal y de implementos de caza, es bastante probable que fuese usada como excedente para el intercambio de otros bienes que no podían producir en la región o quizá tributos. No se conoce si estos pobladores fueron olmecas venidos de las metrópolis o pobladores locales.

     Los talleres de Artículos Utilitarios se han encontrado en las playas de: Toro Prieto, Arroyo de Lisa, Costa de Oro, Playa Hermosa, Dos de Abril, Montepío y en la Barra de Sontecomapan. En general se puede decir que cubren una franja de cuarenta kilómetros por la Costa Tuxteca, desde Punta Puntilla por el norte, hasta la Barra de Sontecomapan por el sur.

*Segunda parte de tres.