GOMEZ12102020

OLMECAS: “LOS INCÓGNITOS”, III
Una mirada de pájaro en vuelo

Jorge Rhi-Sausi Galindo

Los Tuxtlas.- Cultura Madre vs. Culturas Hermanas.

     Una característica de la cultura Olmeca es su enorme interés por diferentes materiales pétreos utilizados en diferentes aplicaciones, desde modestos utensilios de cocina hasta complejos y suntuosos tocados y pectorales adornando las cabezas y torsos de sus gobernantes, tal como sus esculturas y estelas lo señalan. Esto implicó un comercio muy intenso para proveerse de esos materiales: basaltos, obsidianas, ilmenitas, hematita, mica y jades.

     Además de otros de menor aplicación. Todos estos materiales no existían en sus asentamientos debiéndolos transportar de lugares tan lejanos como las riberas del río Motagua en lo que hoy es Guatemala para el jade, también de San José Mogote, Oax. donde se proveían de la hematita y mica, o bien de Mirador Plumajillo, Chis., de donde obtenían la ilmenita de los miles de cubos multiperforados que se excavaron en San Lorenzo Tenochtitlan.

     Estos materiales pétreos obtenidos desde distancias lejanas del Golfo, así como figurines y vasijas del tipo olmeca encontrados en otras áreas distantes, algunos arqueólogos sugerían que en realidad no existió una Cultura Madre, sino que fueron varias culturas menores (hermanas) lo que al final constituyeron “Lo Olmeca”. Dos regiones resaltan en esta idea: La costa sur y la depresión central de Chiapas, así como el Altiplano Central de México.

     En la depresión central de Chiapas y en su costa sur, Gareth Lowe (1922 – 2004, Brigham Young University) y posteriormente John Clark (BYU) entre otros más, reportaron que en sus excavaciones se encontraron tiestos cerámicos y algunos figurines similares a los excavados en San Lorenzo Tenochtitlan con similar datación. Esto significaba que tenían relaciones de intercambio con los pobladores del Golfo, por lo que varios investigadores sostenían que posiblemente los olmecas se habían originado en estos territorios y que probablemente existió una migración hacia el golfo de México donde posteriormente florecería la cultura olmeca; de tal manera que consideraban que su origen no fuese de la zona del Olman.

     Esta hipótesis ya ha sido desechada, inclusive por sus postulantes, aceptándose que el origen de los olmecas sí es de la región del Golfo.

     Algunos sitios arqueológicos reportados por Lowe donde se han encontrado vestigios olmecas son: Altamira, Paso de la Amada, Izapa y otros más. Sus principales investigadores han sido arqueólogos mormones, como Gareth Lowe, Thomas Lee, John Clark, Pierre Agrinier y otros más. Trabajos que han permitido tener una idea más convincente de la relación de los pobladores de la costa del sur de Chiapas y de su Depresión Central con los pobladores olmecas del Golfo, de su intercambio cultural y comercial, así como de las posibles rutas de intercambio entre ellos durante casi un siglo.

La arqueología olmeca y el mormonismo.
Un tema que se ha mencionado poco en la literatura de la arqueología olmeca es la participación de arqueólogos mormones. Es un tópico aludido y muy conocido dentro de la comunidad arqueológica, pero para el público en general poco se conoce del porqué de su participación. Se presenta una breve reseña.

     En 1830, en un pequeño pueblo llamado Palmyra, en el estado de Nueva York, fue publicado un libro llamado “The Book of Mormon” (El Libro de Mormón) por Joseph Smith (1805-1844), quien fuera el fundador de la Iglesia Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (Later Days Saints), una religión originada en los Estados Unidos que inició en abril de 1830 con solo seis miembros y que ahora suman más de quince millones de seguidores en varios países. Este libro; “El Libro de Mormón”, es para ellos lo que la Biblia es para los cristianos, lo reconocen como otro testimonio de Jesucristo.

     Por otro lado, John Lloyd Stephens, abogado originario de New Jersey, EUA, conocido como un explorador incansable y considerado como uno de los pioneros de la Arqueología Mexicana, publicó: “Incidents of Travel of Central América, Chiapas and Yucatán (1841), y posteriormente “Incidents of Travel of Yucatán (1843)”, junto con las ilustraciones del artista topográfico e ilustrador inglés Frederick Catherwood (1799-1854) los cuales constituyen obras insustituibles de los primeros estudios sobre los mayas.

     John Lloyd Stephens había publicado de viajes anteriores: Incidents of Travel in Arabia Petrea (1837) e Incidents of Travel in Greece, Turkey and Poland (1838), sin lugar a dudas todo un trotamundos, no por nada a este individuo lo describían como: “abogado de profesión, viajero por inclinación y arqueólogo por vocación”.

     De acuerdo a Michael D. Coe, un académico tanto de Yale como de Harvard, considerado uno de los más ilustrados especialistas de la cultura olmeca, en una entrevista para la Fundación Arqueológica del Nuevo Mundo (NWAF por sus siglas en inglés) narra una síntesis del Libro de Mormón y considera que Joseph Smith seguramente leyó los libros de John Lloyd Stephens donde mostraba con todo detalle las ruinas mayas, los monumentos espectaculares, sus pobladores y tantas otras cosas con las que fue deslumbrado por la magnificencia de sus construcciones y sin tener una clara idea de lo que habían significado esas culturas en época prehispánica.

     Estas descripciones y las ilustraciones tan extraordinarias de Catherwood, menciona Coe, probablemente lograron convencer a Joseph Smith a señalar que la tierra narrada en el Libro de Mormón, Zarahemla, no se encontraba en América del Sur como originalmente él pensaba, sino en América Central y en las vecindades con Chiapas y Yucatán en México. Justo ahí donde John Lloyd había puesto sus pies. Esta probable aceptación de Joseph Smith de la geografía de Zarahemla implicaría posteriormente un impresionante trabajo arqueológico para localizar y dar validez a lo establecido en El Libro de Mormón en esa zona geográfica.

     Michael Coe, en esa entrevista, narra la siguiente síntesis de las migraciones descritas en el Libro de Mormón: “El Libro de Mormón es una historia de migración, similar a la idea del Libro del Éxodo en el Viejo Testamento, excepto que involucra tres migraciones: una temprana llamados los Jareditas, quienes llegaron en una época muy anterior, miles de años atrás (en los tiempos de la Torre de Babel), esta gente desapareció; después vino otra muy grande y la más importante para los mormones que son los Nefitas, quienes cruzaron el océano en botes con ganado, plantas del viejo mundo, metalurgia y demás”. Y continúa… “Después de un tiempo, por supuesto, ... se comienza a quebrar en pedazos, como todas las civilizaciones usualmente lo hacen y una facción llamada Lamanitas domina. Esta gente es maldecida por Dios obscureciéndoles la piel. Todos ellos no son amados por Dios y son los ancestros de los indios americanos del presente...” Más adelante dice... “O sea, es una historia de una migración triple. El trabajo, de acuerdo a un buen número de mormones arqueólogos es encontrar que ésta es una historia cierta: que todas esas cosas en realidad existieron y en el lugar que es descrito en el Libro de Mormón, que en este caso tendría que ser en Guatemala y en las vecindades de Chiapas, un estado de México. Sobre de esto es por lo que han estado buscando por más de 50 años, ellos han excavado en todo tipo de sitios y desafortunadamente no han encontrado nada que lo respalde”.

     En la versión moderna del Libro de Mormón en español, algunos pasajes anteriormente descritos ya no aparecen, tal como el castigo divino de oscurecerles la piel a los Lamanitas, considerados por los mormones los ascendientes de los pueblos americanos, así como también la no evidencia de ganado o metalurgia en la época olmeca.

     Estos escritos de Joseph Smith y John Lloyd Stephens, dos personajes distantes y sobre todo distintos, se conjuntarían un siglo después en una aventura arqueológica que ha perdurado hasta nuestros días. Thomas Stuart Ferguson sería el protagonista principal e inicial de esta odisea.

     Thomas Stuart Ferguson (1905-1983) nació en Pocatello, Idaho, a los diez y ocho años ingresó a la Universidad de California en Berkeley, a la edad de veintidós años obtuvo su grado de licenciatura en Ciencias Políticas en 1937 y posteriormente de abogacía en 1942. Su primer trabajo en 1939 fue un escrito titulado: “Most Ancient Mexico: A Comparative Study of the Book of Mormon and the Writings of Ixtlixochitl” (El México Más Antiguo: Un Estudio Comparativo del Libro de Mormón y los Escritos de Ixtlixochitl), basado en los documentos del historiador Fernando de Alva Ixtlixochitl del SXVI.

     El primero de febrero de 1946 lleno de optimismo y con la seguridad de demostrar que lo dicho en el Libro de Mormón era cierto y dispuesto a probarlo, Thomas Stuart Ferguson se embarcó hacia México y J. Williard Marriot, hombre de negocios y hotelero, quien se convirtió en parte su mecenas, se le unió en la Ciudad de México y lo acompañó en su viaje de dos semanas por el sureste de México y Guatemala. En 1948 regresó nuevamente a México para seguir explorando, comprendiendo según él, que era imperativo realizar una investigación arqueológica independiente y no sólo estar basado en escritos que dejaban ver la influencia del catolicismo español en la narrativa de Fernando de Alva Ixtlixochitl.

     Fue fundador de la NWAF (New World Archaeological Foundation) por sus siglas en inglés. La misión de la fundación en ese tiempo sería; “llevar a cabo exploraciones y excavaciones para añadir conocimiento a la arqueología mesoamericana y comprobar algunas teorías sobre el origen de las altas civilizaciones de las Américas: 1) Que ellos fueron autóctonos, 2) Que, como dice El Libro de Mormón, fueron derivados del antiguo Israel y 3) Que su emergencia fue debida a estímulos de algún tipo de fuente asiática”.

     John E. Clark un arqueólogo mormón, quien comenta: “...como los hay arqueólogos católicos, episcopales o musulmanes”, ha contribuido con evidencias importantes sobre los “mokayos” (hombres del maíz), tal como los nombró, unos pobladores de la costa sur de Chiapas y su relación con los pobladores olmecas del Golfo en San Lorenzo Tenochtitlan.

     En un testimonio para la NWAF en 2011, J. E. Clark hace las siguientes aclaraciones: “Mi arqueología no concierne al Libro de Mormón y nunca le ha concernido. Nunca intentaría demostrar el mensaje del libro por medio de la ciencia y creo que esos esfuerzos son una tontería y pérdida de tiempo, no porque no haya evidencia, sino porque la evidencia no puede hacer una diferencia de las maneras imaginadas”. Como parece ser válido para toda religión.

     Como siempre, la realidad supera a la ficción; hubiese sido muy difícil de imaginar que unos “Incidentes de Viaje” de un abogado, viajero, y arqueólogo por gusto, como lo fue John Lloyd Stephens fuese a provocar en otra persona totalmente distante y distinta a él, como lo fue Joseph Smith, fundador y profeta de la Iglesia Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (LDS), que lo llevaría a convencerse que el lugar donde ocurrieron los eventos narrados en El Libro de Mormón fuese en Centroamérica y el sureste de México, tal y como lo ilustraban John Lloyd y Frederick Catherwood en sus libros de 1841 y 1843.

     Existen otros sitios arqueológicos olmecas o con influencia olmeca en diversas partes del país, tales como: Chalcatzingo en el estado de Morelos, Paso de la Amada, Mirador Plumajillo en Chiapas, San José Mogote en Oaxaca, sitios que también son mencionados por ser la fuente muchos de sus materiales pétreos: obsidianas, hematita, ilmenita, micas y sin lugar a dudas sobresaliendo el jade cuya fuente se ubica en las riberas del río Motagua en el valle del mismo nombre en Guatemala.

     Con esta breve reseña le hemos dado una vista de pájaro en vuelo a la cultura Olmeca. Se quedan algunos aspectos importantes sin comentar, por ejemplo; la cosmogonía y sus dioses, tema todavía en estudio por los expertos, pero que señala que en Mesoamerica no hubo religiones, sino solo una, que se inicia con la concepción olmeca del Inframundo, el Plano Terrenal y la Bóveda Celeste. Quizá lo más sorprendente sea el icono del Quincunce, un cuadrado o rectángulo con sus diagonales interiores trazadas, ocupando su centro al ser humano, también es descrito como Axis Mundi, icono que inicia con los olmecas y continúa a lo largo de todas las culturas mesoamericanas.

     Todo mexicano por herencia cultural se debe interesar en la arqueología, saber para cuidar.

*Tercera parte de tres.