Fotografía: Manuel Martínez Gutiérrez
Huesca, España.- Llegó la pandemia y paramos en seco. Existen algunas predicciones sobre este tipo de fenómenos, pero siempre han parecido muy lejanos o no creíbles para la mayoría de nosotros. Algunos se atreven a hablar de Apocalipsis en estos momentos, pero tal vez es demasiado. Es más fácil pensar que ya llegará lo que tenga que venir y vivir al día sin detenernos en la historia de las grandes pandemias en el mundo.
Eso cree la mayoría de los seres humanos, por supuesto también los españoles, sin remitirnos al pasado seguimos construyendo nuestra sociedad. Olvidamos que hubo otras pandemias mundiales con miles y miles de muertos. Dejamos empolvada la historia de la gran Plaga de Marsella de 1720, o la Pandemia del Cólera en 1820, o la llamada Gripe Española de 1920. No debería extrañarnos lo que está ocurriendo ahora; pero desafortunadamente estamos viendo que este tipo de fenómenos se suceden cada cien años: ¿Por qué creímos que este 2020 sería la excepción? Nos tapamos con la sombrilla o el paraguas de la modernidad y la gran mayoría sentimos que tanta modernidad nos salva.
Creíamos a España invencible. Que nada nos pondría al límite porque tenemos uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo y, que por esto, estábamos preparados para todo o más bien para casi todo, porque ninguno imaginó una pandemia; ni llegar a escuchar en el telediario que en las últimas 24 horas se han muerto 637 muertos, ayer 650 y vemos esta cifra escalofriante. Pero si comparamos con las 24 horas anteriores con 950 fallecidos, el día anterior con 970 personas más y en toda la semana anterior las cifras de fallecidos eran de más de 800 personas cada día durante más de siete días. El número al día de hoy es de 13.055 muertes y subiendo. Aunque parece que se ha detenido un poco este pico en las estadísticas al ser menor la cifra del domingo 5 de abril.
Todos estamos expuestos de alguna forma al virus, y los sanitarios que atienden en hospitales y hospitales de campaña españoles que luchan por salvarnos han tenido contagios, van unos 16,191 casos de los cuales hay ocho fallecidos y tres farmacéuticos. Y la cantidad de recuperados está en 40.437 en 24 días de confinamiento. Ahora en España hemos pasado los 135,032 casos de contagio. Esta información pueden verla más detallada por Internet. Y cuando vemos estos número y el saber que son personas igual que nosotros, no nos queda más que hacer caso y recluirnos en casa, además de mantener las recomendaciones para evitar contagios.
Italia registra este mismo domingo a 525 fallecidos. Dicen es la cifra más baja de las últimas dos semanas y llevan más de 21.000 casos de fallecidos. Y en la suma de los confirmados en 19 países con el virus, se ha superado la escalofriante cifra de 1.280.046 contagiados, de los cuales un poco más de 265.462 se han recuperado. Pero esto todavía no acaba, son cifras que están moviéndose día con día.
A mediados de marzo, nos parecía irónico en España que se hubieran puesto 30,000 multas por saltarse la prohibición de salir de casa. Se nos hizo alto el número de multas, porque los contagiados no llegaban aún a ese número, íbamos sobre los 25.000. Parecía que podríamos superarlo y que nuestros sanitarios eran los héroes de esta película que ya es una realidad. Ahora es abril y sólo podemos estar en casa los que vivimos aquí. Sólo puede salir una persona a hacer compras urgentes o tirar la basura y no puedes detenerte a saludar a nadie en vía pública. La mayoría salimos con tapabocas y guantes y al regresar a casa nos quitamos la ropa y vamos directo a la ducha. Cada cual debe hacer lo que le corresponde. Y el cuidarnos es cosa de cada uno, de tomar en serio las recomendaciones porque ya hemos visto que esto es una situación seria.
Nunca imaginamos el dolor de una pandemia, por mucho que hayamos leído sobre el tema. Al ser fallecimientos por virus, las personas suelen morir solas para evitar contagios. No pueden estar con los suyos porque se infectarían. Y los que corren con la suerte de un funeral, nunca es en una iglesia o tanatorio, sólo pueden acompañar al féretro tres personas de su entorno y deben cumplir estrictamente las recomendaciones: límite de seguridad entre personas de uno a dos metros de distancia, mascarilla y guantes de látex y por supuesto, no tocar a su familiar o amistad que se fue en unos pocos días y ya pasa a formar parte de una lista de muertes que crece en todo el mundo. Y en algunos países de forma muy desgarradora. Hagan un cálculo de las cifras de lo que estamos hablando. Ningún país está preparado para tantos fallecimientos por muy de primer mundo que se crea.
Nos agarró desprevenidos la pandemia. Tanto a políticos como a pequeños y medianos empresarios. A comerciantes y trabajadores, funcionarios, estudiantes, gente sin trabajo y hosteleros que esperaban que la semana santa restableciera la economía. Pero el turismo no llegará. Ni a España ni a México. Se acabaron los tiempos de viajar a cualquier parte del mundo cuando nos diera la gana. Algo que parecía ser normal se ha terminado. Y veíamos a China como si estuviera exagerando al hacer en diez días un hospital para mil enfermos. O que Italia sería un caso aislado con la primera ciudad cerrada y la policía cuidando que no entrara ni saliera nadie sin un fin justificado. Creímos que de ahí no pasaría. Y pensamos que en España no nos pasaría nada. Que nuestros hospitales y servicio sanitario estaban preparados para lo que se venía; pero no sabíamos lo que la realidad nos tenía preparados. Lo que ahora nos retiene en nuestra casa.
Lo que vemos por la televisión y que a veces vemos que todavía hay personas que no creen lo que está pasando en el mundo. Y salen de sus casas saltándose confinamientos. Algunos se disfrazan de dinosaurio o caja de cartón y salen a la calle. Y todavía tienen la desfachatez de colgar él vídeo en redes sociales para demostrar que no tienen miedo, que disfrazados esquivan a los virus, pero la policía y los militares siempre logran encontrarlos y viene la multa y en algunos casos la cárcel. Están jugando sin importarles los enfermos, los muertos y los sanitarios que piden constantemente y por favor, les suministren mascaras protectoras, batas especiales y respiradores porque la gente se les muere en los brazos.
Y que decirle ahora a nuestros jóvenes y niños, que ni siquiera pueden imaginar un mundo sin Internet, sin consola de video juegos y sin espacios al aire libre para tomarse fotos y compartirlas con sus amistades en la red de moda. Dicen algunos que a esto que está sucediendo se le llama nuevo orden mundial. Que es una forma de reducir a la población y que pasa cada cien años. Hay gente muriéndose fuera de mi ventana. De momento soy una simple observadora que espera salir adelante sin contagiarse. Y pido con todas mis fuerzas que mi hijo, que está en Huesca, y mi pareja que comparte este confinamiento conmigo, sean inmunes a estas cifras. Que no le toque a mi familia y mis seres queridos tanto en España como en México, este virus tan letal que ha sido como un hachazo a nuestra realidad de primer mundo.