RODRIGUEZ29112024

Pemex es y seguirá siendo de los mexicanos
Filiberto Pinelo Sansores

Mérida.- ¿Cómo se compatibiliza el hecho de que la derecha –representada en el Congreso de la Unión, particularmente, por el prian– mientras grita, por un lado, que la gasolina está muy cara y exige que baje su precio, por el otro, no deje de denigrar a Pemex pidiendo que desaparezca? Como buenos vendepatrias, el PRI y PAN están unidos para lograr lo que no pudieron conseguir cuando estando en el poder, en soterrado amasiato que se volvió matrimonio a partir de 2018, imponían sus “reformas” con el fin único de beneficiar a sus amos del gran capital.

Gracias a que existe Pemex en manos del estado y no tenemos un gobierno de corruptos, no hay gasolinazos, las gasolinas sólo suben de precio en los términos de la inflación. Si se privatizara, la ganancia de los dueños significaría la carestía de los productos, porque el oxígeno del capital son las utilidades.

Ahora que en el Congreso se discute un proyecto que busca liberar de la carga fiscal excesiva que le impusieron a Pemex a la vez que lo saqueaban los gobiernos neoliberales, el prian hace lo imposible para impedirlo.

Es así como en una de las sesiones de la Cámara de Diputados donde se discute el tema, el diputado del PAN, Héctor Saúl Téllez, tomó la palabra para rasgarse las vestiduras con el argumento de que quitarle carga fiscal a Pemex “va a repercutir en que haya menos hospitales y menos escuelas“ y su colega del PRI, Emilio Suárez, no queriendo quedarse atrás, se atrevió a decir que no vale la pena seguir sosteniendo “a una empresa con pasivos que superan los 100 mil millones de dólares".

Tan cínicos son que ninguno reconoció que no obstante ser el del petróleo uno de los mejores negocios del mundo, en manos de sus gobiernos, Pemex fue llevado al punto de la quiebra, dejándole una gigantesca deuda sobre las espaldas que ellos mismos decían que era impagable, misma deuda que ahora usan como su mejor argumento para tratar de convencer a los mexicanos de la necesidad de deshacerse de ella.

Callan que en el mundo no hay ninguna empresa petrolera en quiebra. Todas tienen ganancias, no sólo en la extracción de crudo sino en la refinación del mismo para la obtención de combustibles y otros subproductos. El del petróleo es hoy uno de los mejores negocios del planeta. Sin embargo, la derecha, a través de los dos partidos que la representan- hace todo lo que está de su parte para que el de Pemex regrese a quienes lo tenían antes de que el general Cárdenas lo recuperara para México.

No dejan de repetir que en manos del estado la empresa es un fracaso y que es mejor que se le deje morir o se le regrese a los particulares porque estos sí son buenos para administrar, cuando lo que ocurrió es que los dos partidos que gobernaron durante el periodo neoliberal, integrados por puros saqueadores compulsivos, eran los que la dirigían y, como es lógico, en vez de administrarla con honradez la desvalijaron.

Priistas y panistas son tan cínicos que simulan no recordar que fueron ellos quienes causaron el quebranto de Pemex con el fin de desmontarla para entregarla, en pedazos, a los grandes magnates del país o el mundo, ¿gratuitamente? ¡No! A cambio de sobornos.

El PAN siempre fue enemigo de las empresas del estado; nació precisamente como reacción a la expropiación petrolera, decretada en marzo de 1938, hace casi 87 años por el General Lázaro Cárdenas; el blanquiazul surgió un año después, en 1939, porque a sus fundadores les pareció intolerable que el gobierno de México se atreviera a “atentar” contra los principios de la libre empresa y la regulación de la economía sólo por el mercado, que el grupo sostenía.

El papá del PRI, el PRM (Partido de la Revolución Mexicana), como es obvio, apoyó la expropiación y, cuando nació el hijo, en 1946, con Miguel Alemán Valdez como presidente del país -mismo con el que se consolidó la nueva burguesía mexicana, enriquecida a la sombra del poder-, lo siguió haciendo, aunque con algunas concesiones a empresas privadas.

Más que nada, los gobiernos priistas actuaban así porque, como dijera posteriormente uno de sus próceres, “Pemex era la gallina de los huevos de oro”, producía tanto que daba para ayudar al país a desarrollarse y para enriquecer a los corruptos gobernantes y sus hordas de rateros.

Así se la llevaron hasta que la burocracia que se decía heredera de la revolución mexicana fue sustituida por la burocracia neoliberal que se decía moderna -proceso que culminó con Salinas de Gortari-, a partir de lo cual los dos rivales, PRI y PAN, comenzaron a amancebarse. Desde entonces están de acuerdo en que hay que estrangular a Pemex y, semimuerto, entregarlo a los buitres que, ansiosos, esperan para tragárselo.

Y casi lo logran. La clave era sangrar a la empresa, quitarle todo su dinero. Emplear una parte de él en completar el presupuesto de egresos de la federación, otra en altos sueldos de funcionarios y aviadores de la misma (ejemplo los vividores sindicales del tipo Romero Deschamps) y una más hacia otros bolsillos (recuérdese el famoso Pemexgate cuando se descubrió que 500 millones de pesos de ella fueron a la campaña de Labastida).

A Pemex le regresaban una mínima parte de los que le quitaban para que integrara su presupuesto. El resultado fue la creación de una monstruosa deuda que en cada administración se incrementaba y que con el Prian jamás se pagaría por lo que, a fuerza, a la larga se enajenaría la empresa.

Pero les salió el tiro por atrás. La empresa está en franca recuperación. Según el último informe de Octavio Romero Oropeza, su director durante el periodo 2018-2024, la deuda de la paraestatal se redujo de 132 mil 300 millones de dólares a 99 mil 400 millones de los mismos, una reducción del 25 por ciento. Además dispone de más y mejores activos, porque se han rehabilitado sus 6 refinerías, se compró otra, en Deer Park, se construyó una más, la Olmeca de Dos Bocas y se están construyendo 2 coquizadoras para mejorar la producción de gasolinas.

Pemex seguirá siendo de los mexicanos.