Monterrey.- La práctica de adelantar o atrasar a discreción el reloj una hora –de un día para otro, dos veces al año, para aprovechar mejor la luz del día– no deja de tener una relación costo-beneficio discutible, mientras la sociedad en su conjunto se adapta en cada vez que se presenta.
Aunque en principio hubo esfuerzos por moderar los cambios de horario -primero mediante ajuste en las escalas de los relojes de agua en la Roma antigua, y en el S. XX adelantando 20 minutos cuatro domingos sucesivos de abril y atrasando en la misma cantidad los domingos de septiembre- había limitaciones geograficas y una tecnología mecanizada que impedían una administración universal y óptima del tiempo de la iluminación solar que llega a la tierra.
Los conocimientos astronómicos cada vez más depurados y el avance en la tecnología para cuantificar matemáticamente los fenómenos naturales harían posible que, en el caso del cambio de horario, se pueda adaptar el paradigma actual a las condiciones impuestas por la naturaleza. De hecho, todos los relojes del mundo operan en base a la tecnología digital.
Como opción para para ajustar los relojes digitales se propone diseñar un programa para adelantar diariamente, de tal manera que se aproxime sistemáticamente al comportamiento natural de la iluminación a la tierra causada por el cambio de inclinación de su eje. Esto es, a partir del solsticio de invierno del año en curso (21 de diciembre), estimar una cantidad determinada de tiempo en segundos para ir formando un número marginalmente progresivo en segundos de adelanto diario según el ángulo que entonces empieza a formarse; al llegar al solsticio de verano (21 de junio), el número sistemático en segundos sería marginalmente regresivo hasta llegar a la posición original, precisamente el día de solsticio de invierno del año siguiente.
Según los astrónomos el eje de la tierra se va inclinado, de más a menos 23.5 grados del plano cartesiano, a lo largo de su órbita alrededor de sol, con lo cual estiman (para días de 24 horas) que el horario de iluminación se corre poco más de hora y media al año, un promedio 15.3 segundos diarios: seis meses sumados (en ascenso), y seis meses descontados(en descenso). Por ejemplo, un modelo aritmético simple se concretaría a adelantar 15,3 segundos diarios del 21 de diciembre del presente año, al 21 de junio del año próximo, sumando un total de 47.5 minutos en ese lapso; un atraso de la misma cifra en segundos se aplicaría hasta completar el ciclo anual.
Un modelo matemático elemental, aplicado históricamente en las ciencias sociales, la demografía y la administración financiera, podrá ser la referencia para programar un reloj ajustable automáticamente siguiendo la inclinación del eje terrestre.
Este modelo muestra regularmente un crecimiento exponencial, porque lo más común es potenciar con números enteros positivos. Un ejemplo lo tenemos con la capitalización de los intereses que suelen usar los bancos en sus cuentas (activas o pasivas); un peso a cinco años, a una tasa del 10% anual se convertiría en $1.60 al final ese período, $1.1 elevado a la quinta potencia (1.1 multiplicado por sí mismo 5 veces).
Para el caso del reloj autoajustable se requiere un algoritmo capaz de distribuir sistemáticamente el recorrido en segundos de poco más de hora y media anual: una mitad de manera marginal creciente y la otra -especular- decreciente, que represente gráficamente una aproximación a la curva normal o campana de Gauss. El modelo elemental descrito arriba, aquí opera bajo la misma rutina, pero aplicando un exponente fraccionario máximo de 0.5, creciente ordenadamente a partir de solsticio de invierno y decreciente una vez pasado el solsticio de verano.