Mazatlán.- “¿Podría ayudarnos con la información de lo que sucedió en la detención y traslado de Ismael El Mayo Zambada a los Estados Unidos?”; palabras más, palabras menos, debió ser la petición que la presidenta Claudia Sheinbaum le hizo a su homólogo Joe Biden durante la reunión de mandatarios del G-20 en Río de Janeiro.
Una petición que analistas políticos han visto como un desperdicio de comunicación con el presidente estadounidense porque, en dos meses, será un ciudadano más, sin ningún tipo de influencia, sobre las grandes decisiones de su país y este gentilmente le respondió que lo iba a “valorar”, como lo ha dicho la propia presidenta Sheinbaum.
Pero, en serio, Biden ¿lo va a “valorar”?, cuando hasta ahora es un secreto de Estado y en Europa se escuchan las sirenas mediáticas de una “tercera guerra mundial”, luego de que este autorizó a Volodímir Zelenzki el lanzamiento de misiles estadounidenses en territorio ruso.
Claro que no, hay prioridades.
Entonces, la petición hay que inscribirla en el momento en que el discurso anti-México florece entre los ganadores de la elección del llamado “super martes” y la presidenta se está poniendo las pilas frente a las presiones y revelaciones que vendrán más temprano que tarde desde Washington.
Para nadie es desconocido que una de las principales piezas de la agenda política de Donald Trump es el combate a los cárteles mexicanos.
Y la justicia norteamericana tiene en su poder a Ismael El Mayo Zambada que no es poca cosa en una estrategia de presión al gobierno mexicano sea en materia de indocumentados, seguridad, mercados o migración.
Quizá, sorprende, que por encima de la amenaza de deportación de mexicanos indocumentados o el candente tema migratorio, este la urgencia de Sheinbaum por saber cómo ocurrió y quienes ejecutaron la detención y traslado aéreo del capo sinaloense a suelo texano.
Y es que en el gobierno mexicano hay sospechas de una operación encubierta de alguna agencia estadounidense que podría ser la CIA que se ha visto comprometida en múltiples acciones de este tipo en el mundo, pero, no se tiene nada en mano, salvo el notorio silencio de los responsables institucionales de nuestro país a los que por lo visto y declarado les pasó inadvertido la detención del líder del Cártel de Sinaloa.
Y en el caso del asesinato del exrector Héctor Melesio Cuén Ojeda se intentó presentarlo burdamente como un crimen rutinario producto de un asalto en una gasolinería.
Claro, más allá de las cortesías de Biden con Sheinbaum no hay evidencia de algún compromiso por el margen de independencia de las propias agencias estadounidenses que intervienen cuando falla la diplomacia y la colaboración bilateral que, no es el caso de la FGR, que depende política y constitucionalmente del Ejecutivo por lo que podría decirse que faltó asesoría a la presidenta mexicana.
O no.
En ese nivel, pedir algo, cuando de antemano se sabe que no se obtendrá es un ejercicio innecesario salvo que se haga por otras razones, digamos, razones de Estado para iniciar una querella internacional contra el gobierno de los Estados Unidos o, quizá, más simple, doméstico, para cumplir con una encomienda y escalar la narrativa sostenida desde AMLO de que “Estados Unidos es el culpable de la detención de Zambada y de violencia que asola a Sinaloa”.
Y es que, ciertamente, el tema del crimen organizado es de seguridad nacional y el caso de El Mayo Zambada no es menor, tenemos en Sinaloa una guerra entre las dos principales facciones del cártel con una estela de violencia y muerte sin precedente.
Este escenario está provocando daños mayores en la economía regional y una gran incertidumbre social principalmente en el entorno de la capital del estado, sin embargo, muy preocupados por lo que habría sucedido en Huertos del Pedregal, pero no avanzan las pesquisas de la FGR que deberían ir a la par de la exigencia al gobierno de Estados Unidos.
Y es que la FGR empezó muy bien delatando el montaje del asalto y asesinato de Cuén Ojeda y luego se contuvo, de manera que ha dejado en ascuas a su familia, a los universitarios, a sus compañeros de partido y en general, a los sinaloenses.
Entonces, en la lógica del gobierno federal no tenga la película completa de lo sucedido el 25 de julio, aquello, no tiene solución y seguirá la vorágine de especulaciones y conjeturas que para muchos compromete al mismísimo López Obrador e impide una estrategia eficaz para detener la confrontación entre las dos facciones en disputa por el control de la organización criminal.
¿Será?
O está en juego el proyecto de la llamada 4T, pues Zambada tiene información sensible de la relación de su organización con la clase política y económica, lo que significa que conoce el engranaje que ha sostenido nuestro sistema político durante décadas, y de eso no se escapan dirigentes de Morena, que podrían ser alcanzados por la justicia norteamericana.