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¿Queda alguien vivo por ahí?
Lizzy Martínez Chacón

Monterrey.- La muerte en México es algo que conlleva mucha tradición y costumbres; antiguamente, nuestros antepasados le rendían culto e invocaban a sus muertos y les daban el alimento que en vida les gustaba; hoy en día esta tradición no se ha perdido mucho ya que nosotros la conocemos como “El Día de Muertos”, pero más allá de la celebración está la picardía y el humor mexicano que podemos encontrar en estos Cuentos del Espirituario dos*, donde la muerte pasa de ser algo desconocido a ser parte de la vida misma, llegando a confundir al mismo lector de si está vivo o muerto. Me deslindo de toda culpa si al finalizar el libro descubren que no estaban vivos o si el mismo libro provoca su muerte.

     Aunque, bien dicen: “Lo que no te mata, te fortalece”; por un momento pensé si estaba muerta y todo esto que veo es producto de que aún no caigo en cuenta de que “ya colgué los tenis”. Mi gran amigo y escritor Eligio Coronado (Monterrey, N.L., 1948) nos lleva a encarar a la flaca, a conocer un poco lo desconocido y temido por muchos: “La muerte”.

     En ellos, el autor nos hace ver lo frío y terrible que puede ser estar muerto y a la vez estar invitado a una fiesta: “no andaban muertos, andaban de parranda”, diría mi abuela; también llegamos a entender que los muertos tienen sentimientos: “Me deprimen ciertas cosas: que no me vean, que hablen de mí como si no estuviera” («Depresión», p. 20), y que a pesar de tener sentimientos, éstos sean ignorados: “¿Cuántos espíritus andarán por ahí sin ser comprendidos, ignorados por sus hechos, menospreciados por sus palabras, sin otra forma de probar su prominente calidad?” («Luz», p. 12); vemos en ellos la esperanza de volver a la vida y quizá ser zombies: “El guardia me reprende: “Por muchas vueltas que te des, no volverás a la vida, así que tú dices: ¿te bajas aquí o te quieres seguir paseando?”. («Las vueltas», p. 10), y seguramente no leerán los Cuentos del Espirituario dos ni del uno: “¿Qué leemos los muertos? De todo, menos cuentos de fantasmas. Los vivos tienen una idea muy errónea de nosotros” («Lectura muerta», p. 15).

     En estos cuentos podemos recordar cosas muy tristes que el ciclo de la vida no nos deja entender, ya que pensamos que moriremos de viejitos y no siempre es así; las guerras y el hambre nos enseñan que hasta los más pequeños pueden morir y Eligio lo plasma muy bien: “¿A qué juegan los niños muertos? A que están vivos. Todos participan con la ilusión de ganar una prórroga en el mundo de los vivos” («Niños muertos», p. 8), y a pesar de lo triste que esto es para unos, el perder a un ser querido, para algunos vivos que quizá no estén vivos es algo gracioso y se mofan de ello: “Ya bastante tengo con los chicos del barrio que me molestan con aquello de “¡Ahí va el muerto! ¡Ahí va el muerto!”. ¿Creen que es divertido?” («El espectador muerto», p. 16).

     Estar muerto tiene sus ventajas o como dice el cuento de Eligio: “Las ventajas de estar muerto son no tener hambre, sueño y sed. Además, no bañarse ni peinarse, aunque la buena educación arraiga esas costumbres” («Las ventajas de estar muerto», p. 13), además, si tienes una empresa también tiene sus ventajas el contratar gente muerta: “Han demostrado ser puntuales y cumplidores. Además, no beben” («Obreros», p. 19).

     Debo decir que lo que más me sorprendió del libro es que encontré, entre tantos muertos, mi nombre (¡y no es que esté muerta, sino que me dedicó uno de los cuentos!): “«Arroz Para Eleanor Rigby», Para Yolanda Elizabeth Martínez Chacón (Lizzy)”, y no hago mención para recibir fama o sobresalir entre los demás, sino como agradecimiento por tanta consideración al hacerme parte de este gran libro lleno de misterio y verdad, además de bastante picardía mexicana.

     Gracias, Eligio, por hacerme ver que sigo viva, ya que no tuve mucho tiempo para escribir y fue esa prisa que me hizo saber al final que sigo viva: “Y es que esa prisa es parte de sus vidas. El día que no la tengan estarán muertos” («Camino entre los vivos», p. 25).

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*Eligio Coronado. Cuentos del esprituario dos. Monterrey, N.L., Onomatopeya Producchons / Lucha X la Cultura, 2020. 33 pp. (Serie: La Dulce Metáfora de Creerse Vivo) (Libro de bolsillo: 10.5 x 7 cms.).