GOMEZ12102020

Se murió para que no quedara en duda su hombría
Ismael Vidales

Monterrey.- Emilio Carranza murió a los 23 años de edad porque era muy hombre. Este muchacho, por la edad, muy hombre por sus actos, nació el 9 de diciembre de 1905 en la Villa de Ramos Arizpe, Coahuila. Cursó su enseñanza primaria en San Antonio, Texas, EUA, porque sus padres Sebastián Carranza y María Rodríguez radicaron ahí a partir de 1911, huyendo de la revolución. De regreso a México en 1917, era frecuente acompañante de su tío Alberto Salinas Carranza, piloto graduado en 1912 en la escuela de Aviación de Moissan, que había combatido al lado de don Francisco I. Madero y de Venustiano Carranza, su tío, y que en ese tiempo dirigía una escuela de pilotos militares en la ciudad de México.

Cuando Carranza fue asesinado, el joven Emilio volvió a los Estados Unidos con su familia. Concluyó sus estudios de secundaria en Eagle Pass, Texas. Nuevamente en México, el 2 de julio de 1923 ingresó a la Escuela Nacional de Aeronáutica y obtuvo el grado de Teniente Piloto Aviador de la Fuerza Aérea Mexicana el 14 de enero de 1926. Meses después, en Estados Unidos al realizar un aterrizaje forzoso por falta de combustible trató de evadir a una mujer que atravesaba la pista, resultando lesionado junto con su hermano, que fungía como su mecánico. El avión era un Lincoln Standard que había adquirido en Chicago, para probarlo en vuelos de largo alcance. Participó en la aviación militar que combatió la rebelión de los yaquis, sufriendo varios accidentes a consecuencia de aterrizajes forzosos, que le valieron ser ascendido a capitán.

El 2 de septiembre de 1927 realizó un largo vuelo de 10 horas y 48 minutos de la ciudad de México a Ciudad Juárez, Chihuahua, en el avión de un motor “Quetzalcóatl” de fabricación nacional, que Emilio había bautizado como “Coahuila”. Después del vuelo, se reunió con Charles A. Lindbergh en El Paso, Texas (A este piloto norteamericano le fue secuestrado un hijo de apenas veinte meses, su cadáver fue localizado cerca de su casa y el secuestrador fue capturado después de dos años de investigaciones y sentenciado a muerte). Cuando Lindbergh visitó la ciudad de México, Emilio lo acompañó. La visita de Lindbergh lo animó a realizar un vuelo entre México D.F. y Washington D. C., el diario “Excélsior” organizó una colecta para patrocinarlo y se mandó construir un avión similar al “Espíritu de San Luis” que había llevado a Lindbergh de Nueva York a Paris. Emilio Carranza estaba próximo tentando al destino. El 25 de mayo de 1928, Emilio voló en el avión recién adquirido desde San Diego, California hasta la capital de la República.

El 11 de junio en el avión bautizado como “México-Excélsior”. Emilio partió de la capital del país a Washington D. C., a las 3:45 de la mañana del día 12, no logró realizar el trayecto sin escalas ya que tuvo que hacer un aterrizaje forzoso en Mooresville, North Carolina, a 300 millas de la capital norteamericana. Finalmente aterrizó en Washington pasada la una de la tarde del 12 de junio, siendo recibido con grandes honores. El presidente Coolidge lo invitó a cenar a la Casa Blanca. Emilio colocó una ofrenda floral en la tumba del soldado desconocido en el cementerio militar de Arlington. En la capital mexicana también hubo fiesta por el vuelo.

Entusiasmado Emilio anunció que realizaría el vuelo de Nueva York a la ciudad de México. Viajó a Detroit con Lindbergh y el día 17 de junio, voló a Nueva York, en donde el alcalde Jimmy Walker le entregó las llaves de la ciudad y se le otorgó el honor de pasar lista a los cadetes de West Point. El vuelo de regreso saldría el 2 de julio de Nueva York y llegara el día 4 a la capital mexicana. Las condiciones meteorológicas hicieron fracasar el plan. Tras cancelar varias salidas, el día 12 de julio, al recibir un telegrama mientras cenaba en el hotel Waldorf Astoria, intempestivamente salió hacia el aeropuerto Roosevelt, y pasadas las siete de la noche, despegó con un avión sobrecargado de combustible para intentar el nuevo viaje sin escalas. En medio de una tormenta su avión fue tocado por un rayo. Por la tarde del día siguiente, en la región boscosa de Mount Holly, Nueva Jersey, fue localizado su cadáver y su destrozado avión; en sus ropas llevaba un telegrama del general Joaquín Amaro, Secretario de la Defensa Nacional del presidente Calles, en el que le ordenaba: “Sal inmediatamente, sin excusa ni pretexto, o la calidad de tu hombría quedará en duda”. Emilio, de apenas 22 años y con seis meses de casado con María Luisa Corbalá ¿Era muy hombre o el Secretario de la Defensa era muy gacho?

El presidente de los EU ofreció un avión para que transportara su cuerpo al puerto de Veracruz, pero el gobierno mexicano decidió traerlo en ferrocarril. En el lugar en que cayó el avión, conocido como Sandy Ridge, la American Legion Post 11 Mount Holly, N. J., construyó un monumento en su recuerdo, sus restos descansan en la Rotonda de las Personas Ilustres.