Puebla.- La soberanía nacional consiste en la capacidad del Estado para crear las condiciones en las que la vida humana pueda florecer con dignidad. Los campos de entrenamiento y exterminio en Teuchitlán Jalisco son una dramática violación a esa soberanía.
Que cientos o miles de ciudadanos sean engañados, secuestrados, presionados cruelmente para incorporarse al crimen organizado o asesinados, es una violación a la soberanía nacional. Es una burda y cruel expresión de un Estado fallido.
Se entiende que el discurso de nuestras autoridades enfrente el discurso de extremistas norteamericanos simpatizantes de Donald Trump, y del mismo Trump, que buscan intervenir en nuestro territorio. Pero ningún mexicano ha perdido la vida, la libertad o la integridad por intervención de gobiernos extranjeros.
Muchos han perdido todo eso a manos de otros mexicanos, criminales que obtienen ganancias en la economía negra: narcotráfico, comercio de personas, extorsiones, secuestros, cobros de piso.
Ignoro si el 30% del territorio nacional está fuera del control soberano de nuestro Estado. No tengo manera de conocer el porcentaje. Pero es claro que abarca amplias zonas de nuestro país. Que sus víctimas se cuentan ya por cientos de miles.
Estoy de acuerdo que somos (como todos) un pueblo con muchos valores. Pero eso no excluye la brutalidad de los crímenes que como nunca ha vivido el país en las últimas décadas.
No consumimos fentanilo en grandes cantidades, pero nos matamos entre nosotros como pocos países en el mundo. Mientras la tasa mundial de homicidios por cada cien mil habitantes es de 5.8, en México es de 28. Casi cinco veces más.
La solución no está ni en los balazos ni en los abrazos. Está en atender las causas. Y una de las primeras es aplicar la ley para acabar con la impunidad.
Crimen que no se castiga se repite. Y muy pocos crímenes se castigan en México. Muy probablemente la impunidad aumentará con la reforma judicial. Nadie propone reformar las policías y las fiscalías, donde están las raíces de muchos delitos impunes.
Hacen falta políticas integrales para impedir la expansión de esos infiernos y acabar con ellos.
* Profesor de la UDLAP.