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TIRO DE ESCOPETA
El derecho de morir con dignidad
Ismael Vidales Delgado

Monterrey.- Según estudios realizados en Holanda en el año 2000, unas 10.000 personas mayores de 55 años afirmaron que recurrirían a la eutanasia cuando ya estuvieran “cansadas” de vivir. Holanda fue el primer país del mundo en legalizar la eutanasia, en 2002. A partir de ahí, se han movido en la misma dirección otros cuatro: Bélgica, Luxemburgo, Canadá y Colombia. Otros están trabajando en la misma dirección, como: España, Portugal y Nueva Zelanda. Suiza, algunos Estados de EU y el Estado de Victoria en Australia permiten el suicidio asistido. La diferencia entre la eutanasia y el suicidio asistido reside en quién ejecuta la acción. En la eutanasia es normalmente un médico quien administra alguna sustancia para terminar con el sufrimiento, el suicidio asistido consiste en ayudar a una persona a que lo haga.
Desde el 2002 la interrupción voluntaria de la vida es legal en Holanda, cuando existan dos requisitos: 1) sufrir una enfermedad incurable y 2) estar luchando contra un dolor insoportable y diario. Es decir, quedarían excluidas las personas que solicitaran la eutanasia por los achaques propios de la vejez.

     Existe el antecedente de que Huib Drion (25 de abril de 1917-20 de abril de 2004) un jurista neerlandés sugirió en 1991, la posibilidad de poner a disposición del ciudadano de la tercera edad, de forma gratuita, una píldora para quitarse la vida cuando fueran mayores de 75 años. Pero hubo fuerte oposición y además la pastilla que llevaría el nombre del jurista “Drion” jamás existió.

     Volviendo al estudio encargado por el Gobierno holandés, un tercio de las personas que aseguran que desean morir pedirían ayuda médica para suicidarse (eutanasia), mientras que dos tercios preferirían morir en su casa si se les proporcionan las sustancias necesarias para poner fin a su vida a causa de un sufrimiento insoportable y sin esperanza (suicidio asistido).

     No obstante, los realizadores de esta investigación advierten que el deseo de poner fin a la vida puede disminuir e, incluso, desaparecer, si la situación física y financiera de la persona mejora, o bien si surgen elementos afectivos por los que deja de sentirse sola o dependiente. De hecho, una de las características de las personas que participaron en el estudio decían que querían morir porque sufrían de dolores físicos, problemas mentales severos, tenían depresión por la soledad o estaban acosados por problemas financieros y familiares.

     El estudio tenía la finalidad de dar la opción de poder morir con dignidad en la vejez, cuando la persona considere que su ciclo de vida está completo. Se trataba de ampliar el alcance de la eutanasia. La idea no prosperó en buena parte por la oposición del partido democristiano, que argumentó que la sociedad holandesa debería hacer todo lo que esté en su mano para garantizar que estas personas recuperen las ganas y el sentido de la vida. Los realizadores del estudio opinaron que si la persona sabe que puede obtener la eutanasia cuando lo decida, a veces prolonga su deseo de vivir más tiempo.
Finalmente, el estudio también muestra que el deseo de morir puede disminuir y hasta desaparecer si mejora la calidad de vida de la persona. Yo recomiendo volver a leer “El hombre en busca de sentido” de Viktor Frankl, un sobreviviente del Holocausto.