Ciudad Victoria.- Cuando en el 2011 tuve noticia de la publicación de una obra dedicada a los orígenes del Nuevo Reino de León, tuve gran interés por conocer su contenido y algo acerca de su autor: Samuel Temkin. Pero en esas fechas la accesibilidad al mercado global no era la de hoy en día, y debí esperar hasta su publicación en español hecha por la Universidad Autónoma de Nuevo León en el 2017, pero luego de una búsqueda incesante, ya en los últimos saldos del tiraje, pues la edición simplemente voló de los estantes universitarios (ese es el nivel del interés por la historia que se vive actualmente por allá en Monterrey).
Por su apellido ubicaba a su autor como extranjero, cuando en realidad nació en la Ciudad de México y se desempeñó profesionalmente en Monterrey en la iniciativa privada empresarial. Recibió su doctorado en ingeniería en la Brown University, situada en Providence, Rhode Island, una de las más prestigiadas en el mundo. Actualmente es profesor emérito de la Rutgers University (la universidad estatal de Nueva Jersey), siendo reconocido como un experto en el campo de la acústica. Lo destacable es que este académico y científico en las ciencias físicas haya cultivado el interés por la historia, y en especial de una región que indiscutiblemente ganó todo su afecto, pero no desde una perspectiva emocional –que la debió tener, sin duda–, sino abordándola con todo el rigor que una mente analítica disciplinada puede hacerlo.
Para ello invirtió su tiempo en realizar investigaciones con fuentes primarias nunca antes estudiadas, en los propios fondos de los acervos históricos de España, especialmente el Archivo General de Indias en Sevilla. La cuestión no debió ser fácil, porque la paleografía de la escritura del siglo XVI es bastante complicada. Pero dominada esta cuestión, Temkin comenzó a desbrozar y apuntalar un nuevo escenario historiográfico sobre asuntos que ya se daban por conocidos.
La razón es que en este libro se plantea una nueva visión del origen y establecimiento del Nuevo Reino de León, realizada por Luis Carvajal y de la Cueva, un personaje demonizado en las páginas de la historia por su origen cripto-judío y la judicialización de que fue objeto él y su familia a fines del siglo XVI, lo que ha generado todo un mito en torno a su figura. En lo personal me interesaba el tratamiento de la etapa previa de Carvajal cuando llegó a la Huasteca y se desempeñó allí como hacendado y funcionario al servicio de la corona, para más tarde emprender un magno proyecto de conquista y poblamiento en el incipiente septentrión de la Nueva España. Sin embargo, tras la lectura del libro, no solo comprobé lo relevante de las precisiones del autor sobre su etapa inicial en el virreinato, sino también sobre todo el conjunto de su actuación en una vasta geografía de lo que hoy conocemos como el noreste de México.
Carvajal y de la Cueva era oriundo de Portugal, donde nació en 1537. Desde muy joven trabajó con un tío en Cabo Verde y Guinea y para 1567 viajó rumbo a la Nueva España. Para el año siguiente es alcalde ordinario en Tampico, adquiriendo pronto prestigio militar al aprehender a unos piratas ingleses abandonados al norte del río Pánuco. Esta acción le permitió acceder al favor del virrey Martín Enriquez de Almanza, quien le encomienda en 1572 descubrir un camino entre la Huasteca y Zacatecas. Lo hace a partir del pueblo de Tanchipa (El Mante), atravesando la Sierra Madre por lo que hoy es Ocampo y Tula (Tamaulipas), para finalmente llegar al mineral de Mazapil, que entonces era la punta de lanza de la penetración española en el norte de México.
Entonces, Carvajal se adentra en el territorio y descubre el valle de Extremadura (Monterrey), para después, por tierra y siguiendo la vertiente oriental de la Sierra Madre, volver a la Huasteca. Es decir, Temkin deja en claro que el sitio de la actual capital de Nuevo León fue descubierto por él y no por otros españoles que se acreditaron ese mérito más tarde, que era lo que se sabía en los libros; en cuando al tornaviaje, lo hizo por lo que hoy es el centro de Tamaulipas, a punta de machete y aprovechando las veredas de los indios.
Este viaje sembró en Carvajal la idea de emprender por sí mismo una gran empresa de conquista, para lo cual logró concretar unas capitulaciones con el rey Felipe II, que le otorgó en 1579 el nombramiento de gobernador de un enorme territorio susceptible a ser colonizado, su nombre: el Nuevo Reino de León. Su jurisdicción tendría 200 leguas por cuadro desde la boca del Pánuco, y paraba al topar otros reinos novohispanos, en particular la Nueva Vizcaya, como así lo hizo, entablando solo algunos diferendos territoriales en el área de avanzada en el entorno del valle de Extremadura.
De eso se originó un pleito con la provincia vecina que a la postre le costaría el cargo y hasta la vida. Y también de esta disposición quedó por un tiempo la impronta de los límites del Nuevo Reino de León hasta tocar el litoral del Seno Mexicano (Golfo de México), algo que incluso pudo haber logrado el gobernador Martín de Zavala más tarde. Sin embargo, la poca densidad demográfica española en esta remota provincia novohispana, asociado a la terquedad y ambición de sus colonos de mantener el sistema de congregas (encomiendas) sobre los indios de la región, que en realidad era una cuasi esclavitud, motivó las frecuentes rebeliones de los naturales y la constante inestabilidad en una auténtica frontera de guerra chichimeca. De ahí que el Nuevo Reino tuviera muy limitados alcances territoriales rumbo al mar.
Entonces, cuando en el segundo tercio del siglo XVIII se hizo imperativo para la corona española la ocupación del territorio de la costa del Seno Mexicano, el rey no tuvo reparo en otorgar amplios poderes al coronel José de Escandón para lograr el establecimiento de la colonia del Nuevo Santander, hoy Tamaulipas, anulando cualquier reclamo jurisdiccional previo que pudiera demandar el Nuevo Reino de León.
Por otra parte, cabe decir, nos dice Temkin, que Carvajal hizo fundar en 1580 una población llamada Santiago del Puerto en la margen derecha de la boca del Pánuco (hoy La Barra/Madero, Tamaulipas), la que acabó por colapsar; asentamiento que, de haber fraguado su proyecto, se hubiera convertido sin duda en la cabecera del Nuevo Reino de León. Y también ordenó en 1582 la fundación de la villa de San Luis de los Ojos de Santa Lucía, que fue en realidad el primer asentamiento efectivo de lo que a partir de 1596 sería definitivamente la ciudad de Monterrey, a cargo de Gaspar de Castaño de Sosa, otro conquistador del que recientemente Temkin ha escrito un libro revelador, es decir, otra novedosa aportación.
Al arribo a México del virrey Álvaro Manrique de Zúñiga, marqués de Villamanrique, hizo eco a las quejas de los esclavizadores de indios en el territorio del Nuevo Reino de León, enemigos de Carvajal que se los impedía. Acusado de judeizante como pretexto, fue aprisionado en la Santa Inquisición, falleciendo en la cárcel de la Corte en 1591.