Monterrey.- Hay una gran diferencia entre cese de actividades económicas y toque de queda. Jaime Rodríguez no lo sabe explicar. Puede que ni lo entienda.
Nuestro flamante y campirano gobernador ni siquiera sabe que por sí mismo no tiene la capacidad legal para establecer (a la fuerza, como imposición a la población) un toque de queda. En la rueda de prensa de este pasado martes da la cara a los medios de comunicación con un tono serio, advirtiendo al puro estilo de dueño de rancho: “si las cosas siguen así, y se los digo muy claro, voy a tener que tomar medidas.”
¿Es una advertencia donde el dueño de cabezas de ganado y caballos en su rancho de García se cree con la misma autoridad para arrear gente en las calles del centro de una ciudad? Porque habrá que esperar a lo que dicen los alcaldes.
¿Es que acaso es la manera seria y atrabancada en que la gente del campo (también es el estilo de los caciques) imponen su ley?
El Bronco tiene suerte de que ningún reportero le suelte a bocajarro (al presidente sí se lo hacen en las mañaneras) que el gobernador es un servidor público al servicio de toda la población de Nuevo León. No es dueño de un rancho donde le avisa a las vacas por TV a qué hora va a pasar el pastor ovejero (soltándoles mordidas en las patas) para llevarlas a encerrar establo.
Ya algunos dicen a manera de desquite poético que al gobernador le hace falta que le secuestren unos camiones, para ver cómo responde ahora desde su supuesto poder. Él lo hizo cuando era estudiante presuntamente como protesta, pero en un evento irónico, terminó refugiándose en el mismo poder político al que criticaba.
También es notorio que no es de esas personas que saben disculparse, y en todo caso ya quemó su cartucho político.
Sólo nos queda esperar (y yo estaré al pendiente, tallándome las manos con emoción) que con la necesidad y la impotencia que surge durante una cuarentena, algún grupo de ciudadanos resulte más bronco que el Bronco.