PEREZ17102022

TRANSICIONES
Qué tanto es tantito (en el robo del agua)
María Eugenia González

Monterrey.- Le compartiré que durante mi rutina tempranera de paseo que realizó los 365 días del año, excepto si está nevado o llueve a cántaros, lo cual por cierto no sucede muy frecuentemente en la región donde vivo. En fin, dicha actividad mañanera de caminar con mi mascota todos los días, me ha traído tres beneficios: el primero sirve para calmar la ansiedad casi irritante de mi pequeño Schnauzer (el cual, por ciento, olfatea y orina a todo aquel árbol, poste o área que considera como su territorio). El segundo beneficio, es realizar ejercicio, tal como indica el médico: al menos de media hora diaria y así evitar ir a consulta, o quizás no permanecer al menos tres horas de la sala espera en el servicio público de salud y saber que mi carnet está activo para la consulta. Un tercero beneficio, y quizás el más interesante, es observar acciones o actividades, que solo suceden cuando el rey sol se despierta.

Aquellas actividades y acciones, no es sólo observar a las aves y oír su canto, sino ver a todas aquellas personas que caminan apresuradme hacia la parada del autobús, o aquellas que realizan ejercicio u otras actividades, que quizás pueden ser invisibles para muchos, pero que me han llevado a escribir este texto. Una de esas acciones es ver cómo algunas personas “roban agua”; un ejemplo es un hombre que limpia los parabrisas en una esquina y quien toma el agua del grifo externo de una propiedad privada. Tal hecho me sorprende, siendo que el edificio cuenta con cámaras de vigilancia, y presenta protección que incluye vigilancia de un guardia, aunque evitar la extracción de agua no parece ser una acción que le preocupe.

Lo referido me ha resultado extraño, porque resulta más valioso evitar que roben equipo, infraestructura, material o cualquiera otro objeto, pero no que se roben de agua. Lo cual no se justifica, sobre todo si este recurso escasea y se le suma una sequía severa, tal como sucede en Nuevo León, en donde el robo del agua también se ha hecho recurrente cuando algún vecino, ante la desesperación por no tener agua en su vivienda, recurren al robo de agua de casa abandonadas; lo cual no se justifica, aun por cortes de agua recurrente y sin previo aviso en el Área Metropolitana de Monterrey (AMM). Tal hecho ha llevado a que el “robo de agua” vecinal ocurra en diversas zonas de la ciudad, o así también el robo de este líquido de fuentes públicas de agua, en donde se sustrae el vital líquido.

Otro robo a una escala medina es el realizado por individuos que desvían el cauce de agua hacia sus cultivos; y está el “robo de agua “a mayor escala, en donde se perforan ductos de Conagua, y que coloquialmente se conoce como “aguachicoleo”; es decir, es la sustracción clandestina del agua.

Desafortunadamente, la referida práctica se ha hecho recurrente tanto a nivel nacional, estatal, municipal, y en ciudades como Ecatepec, Estado de México, Jalisco y Nuevo León; las cuales hoy día se enfrentan a este delito y en donde Conagua reportaba que durante 2012 a 2018, se contabilizaron alrededor de 2 mil 280 tomas clandestina (Publimetro, 2022).

En el año 2022, para el caso específico del AMM, se reportaron 158 mil 664 tomas clandestinas de agua (Rodríguez 2023, El Economista), destacando con el mayor número de conexiones irregulares los municipios de Juárez (47 mil 516); Monterrey (27 mil 641); General Escobedo (23 mil 213), Apodaca y Guadalupe (13 mil 458).

Lo antes referido, me lleva a pensar en la frase “que tanto es tantito” en el “aguachicoleo”, desde el punto de vista ambiental, económico, político, cultural o ético. Porque, ¿cuál robo es más grave para la sociedad, aquel que se realiza a nivel hormiga, o el realizado por medianos y grandes extractores de agua? ¿Usted qué opina?


* Directora de la Unidad de El Colef en Monterrey.