PEREZ17102022

Un agujero en la pared
José Ángel Pérez

Los ordenadores pueden transformar el aprendizaje,
pero sólo bajo la mediación de los profesores.

OCDE

Monterrey.- En 1999, el físico indio Sugata Mitra realizó un experimento singular y significativo para la educación. Al observar que los estudiantes acomodados de la India eran muy hábiles en el manejo de las computadoras, decidió realizar una prueba en un barrio pobre de Nueva Delhi, con niños que nunca habían tenido en sus manos un ordenador. Hizo un agujero en una pared de una escuela y en ese hueco instaló una computadora conectada a internet. Sin dar ninguna instrucción, la dejó allí durante ocho horas, y al regresar descubrió algo sorprendente: los estudiantes que apenas habían tenido contacto con la tecnología habían aprendido los conceptos básicos para manejar la PC. Además, habían adquirido nociones mínimas de inglés, el idioma predominante en la interfaz de la computadora. Lo más notable es que se habían enseñado entre ellos.

Sorprendido por estos resultados, Mitra replicó el experimento en distintas localidades de la India, en lugares donde los niños nunca habían visto una computadora. Los resultados fueron consistentes: los alumnos aprendían a navegar por internet y a utilizar la computadora por sus propios medios. A raíz de su investigación, Mitra propuso una idea revolucionaria: proporcionar una computadora a cada estudiante para que aprenda por sí mismo. Así nació el concepto “Entornos de Aprendizaje Auto-Organizado” (SOLE, por sus siglas en inglés).

En 2013, el distrito escolar unificado de Los Ángeles implementó esta idea y anunció que todos los estudiantes de la ciudad recibirían un iPad con software educativo instalado. Este fue un proyecto tecnológico sin precedentes en las aulas de Estados Unidos, con una inversión de 1,300 millones de dólares. Sin embargo, las cosas no resultaron como se esperaba. El fracaso del proyecto demostró que, aunque la tecnología es esencial para la enseñanza y el aprendizaje, no es suficiente por sí sola. Se necesita la intervención de maestros capacitados para aprovechar plenamente el potencial de estos recursos. Los resultados de PISA evidencian que los países que invierten mucho en tecnología educativa, como Estados Unidos e Inglaterra, no necesariamente obtienen los resultados esperados si no cuentan con una sólida formación de los docentes.

En México, también hemos tenido proyectos tecnológicos fallidos que no consideraron este aspecto crucial, obteniéndose desastrosos resultados. Ejemplos de ello son Enciclomedia, durante el sexenio de Fox, y Habilidades Digitales para Todos, del gobierno de Calderón y Peña Nieto. Estos proyectos no se asemejaron al experimento de Mitra, no aplicaron la idea de “Un agujero en la pared”, sino que más bien crearon “un agujero en las arcas públicas”.

En conclusión, la tecnología puede transformar el aprendizaje, pero solo en manos de profesionales expertos. Es fundamental invertir en la formación de maestros para que puedan guiar a los estudiantes en el uso efectivo de las herramientas tecnológicas, logrando así un verdadero impacto educativo.