GOMEZ12102020

Una luz en el camino de Morena
Hugo Esteve Díaz

Monterrey.- Los militantes de Morena no tendrían por qué sorprenderse si el partido (eufemismo para referirnos al presidente de la república) aprueba la designación de la ex priista Clara Luz Flores como su candidata a la gubernatura del estado, misma que en febrero pasado renunció al PRI tras 22 años de militancia y una exitosa carrera política en esas filas: tres veces presidenta municipal de Escobedo y diputada local.

     Siempre arropada por el priismo de la mayor prosapia, la actual alcaldesa del norteño municipio conurbano todavía se la está pensando por cuál partido competir, casi segura de que su capital político será suficiente como para ganar la elección gubernamental del próximo año.

     El problema más grave para Morena en tierras regiomontanas es que no cuenta con un candidato con posibilidades reales para sustituir al Bronco, y eso lo sabe López Obrador. Recordemos que Morena en Nuevo León electoralmente no ha reportado los mejores resultados, tanto a nivel estatal como federal, y que se trata uno de los pocos estados en donde se perdió la elección presidencial.

     Las recientes experiencias en Hidalgo y Coahuila –en donde los grupos políticos de lo que se asume todavía como PRI ganaron la elección– son una señal de alerta para el residente del Palacio Nacional; situación que lo obligará a pactar con esos grupos en una posición poco ventajosa, si es que pretende evitar que sus próximos gobernadores no se plieguen al grupo de mandatarios estatales que se han pronunciado en contra de sus políticas gubernamentales, entre éstos, por supuesto, Jaime Rodríguez Calderón.

     En este escenario, y siguiendo las tendencias presentadas por algunos medios que ubican a doña Clara Luz como la candidata con mayores posibilidades de ganar la próxima elección, existe una muy alta probabilidad de que la militancia estatal de Morena tenga que tragarse ese veneno –¡una vez más!– y se vea en la necesidad de apoyar esta candidatura, si es que quieren que su partido (sic) gobierne los próximos seis años en el estado, a pesar de no verse representados, ni mucho menos consultados.

     La apuesta del presidente sería: presenten un candidato capaz de ganar la elección que no sea la ex priista. Pero, la verdad, es que lo tienen. Y es muy factible que quienes apuestan por Tatiana Clouthier tengan que aguantarse, no sólo porque la ex panista carece de un arraigo popular en el estado en donde no ha ganado ninguna elección popular, sino también porque la vecina sanpetrina en varias ocasiones ha manifestado su desacuerdo con respecto de algunas políticas gubernamentales, además del hecho de haber desairado al presidente para integrarse al gabinete, lo que no fue muy bien visto. Está claro que a Andrés Manuel no se le puede decir que no.

     La otra cara de la moneda es por cuál partido se va a decantar la alcaldesa Clara Luz Flores. Ganar tres veces el municipio de Escobedo, una diputación y contar con una amplia carrera en la administración pública, no es poca cosa. Si acaso lo secunda su esposo Abel Guerra, quien también gobernó ese municipio en dos ocasiones. De ahí que no sea extraño que tanto el PAN como Morena se encuentren cortejándola para lograr que los represente en la próxima elección gubernamental. El elegido será aquel partido que le ofrezca mejores posibilidades para estructurar su contienda y, en ese sentido, Morena no pareciera ser la mejor opción; entonces, la opción sería el PAN, que al menos en ese terreno le sobra experiencia.

     Sin embargo, aceptar esa candidatura sería ir en contra del poder federal, y en un escenario de negociación y de mayor fortaleza, la candidatura más obvia sería con Morena, siempre que la estructura y recursos de este partido queden absolutamente bajo su control; ya lo dijo ella abiertamente: “Quiero manos libres” y el partido que elija tendrá que aceptar esa consigna.

     Aún así, no hay porqué desde ahora cantar victoria. Todavía está por verse si doña Clara Luz, y el grupo político que ella encabeza, es capaz de ganar una elección estatal. El PRI lo intentó en la elección pasada con Ivonne Álvarez –una supuesta candidata exitosa–y perdió. Porque no es lo mismo ganar en un municipio, que en un estado. La clave de todo esto –el factor decisivo– será qué tanto las fuerzas vivas en el estado estarían dispuestas a apoyar –o cuando menos ver con simpatía– una candidatura bajo el blasón de Morena; pensando sobre todo en los grupos empresariales y en los sectores populares que se mueven a través de clientelismos políticos.

     Con todo, no se trata de un triunfo asegurado, falta ver quiénes serán los candidatos por parte de los demás partidos; así como las alianzas que se lleguen a orquestar con los partidos minoritarios, cuyo capital político por sí mismo no es suficiente como para ganar la elección y su mejor opción sería negociar una alianza con alguno de los otros tres.

     Así que regresando a la premisa inicial: la militancia de Morena no tendría por que extrañarse ante la eventual investidura de la ex priista como su candidata para la próxima elección estatal. Esa ha sido siempre la divisa, sumar para ganar, no importa a quien, el pragmatismo puro.