Mencionó que un Tribunal Administrativo otorgó amparo de la justicia federal a Luis Cárdenas Palomino, y ordenó descongelar sus cuentas bancarias, lo cual ha obstaculizado algunas operaciones de la UIF.
Y aunque este tema por sí solo es interesante, principalmente por los vínculos que existen de este caso con lo que está ocurriendo en Estados Unidos (el juicio contra García Luna), tal cuestión ya ha sido tratada por muchos.
Importa, sin embargo, analizar la otra declaración de Pablo Gómez, la cual no se le ha prestado la atención suficiente, e incluso, quienes la han escuchado, no la han entendido apropiadamente.
Mencionó el funcionario: “lo que hay que reformar es la mentalidad, la conducta y alejar de intereses extraños a lo que están ahí porque no se me ocurre una cosa que no sea una reforma de esas reformas de las personas y de las relaciones entre ellas. Se olvidan de la justicia, es que hay una jurisprudencia que dice quién sabe qué, bueno, no todos lo están aplicando igual”.
Tras esta declaración, en las redes se empezó a hablar de una nueva reforma al poder judicial. Sin embargo, como bien sentenció Pablo Gómez, no se trata de modificar las leyes, sino de un asunto de «mentalidad».
Propiamente, se ocupa un «cambio de paradigma». En México, los tribunales suelen dar más importancia a las formas que al fondo de los asuntos. Están acostumbrados a guiarse y escudarse por criterios de tribunales superiores.
También, un problema más es que no existe propiamente una carrera judicial en México ni tampoco una escuela judicial. Mucho menos se tiene oferta de programas a nivel superior o de posgrado para la procuración e impartición de justicia.
Indistintamente, todos los jueces, fiscales y abogados (entre otras profesiones jurídicas) son egresados de las mismas universidades, donde se les ha enseñado la misma forma de estudiar y practicar la ciencia jurídica.
Pero no todo acaba ahí. Es un asunto que, en realidad, tiene muchos puntos importantes y que pueden explicar, en gran parte, el porqué de tantos problemas en la judicatura.
Por lo mismo, hay quienes llegan a ser juez sin tener la más mínima experiencia en la impartición de justicia; un caso, por ejemplo, el de José Arturo Salinas Garza, actual presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado de Nuevo León; o el de Eduardo Medina Mora, que llegó a ser ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
A esto, en el ámbito académico, se le conoce como «político togado», ya que en eso se han convertido algunos jueces en la actualidad.
Y aún hay mucho más que decir. No obstante, no es posible hablar de todos los problemas que aquejan al poder judicial en México, pues no se deben olvidar los casos de corrupción (como ventas de exámenes) y de nepotismo (una práctica habitual).
Por todo, Pablo Gómez lleva razón al decir que se ocupa de un cambio de mentalidad. Hay que empezar a ser un poco excépticos al pensar que tras reformar algunas leyes, todo cambiará automáticamente.
Ya lo había dicho Kuhn, un «cambio de paradigma» no es algo que se logre de la noche a la mañana, mucho menos por medio de un decreto. Para lograrlo, se ocupa de no temer al cambio; un asunto de voluntad. Y para ello, el mismo poder judicial debe estar dispuesto a dar ese paso.