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ODA CENTENARIA A
INTELECTUALES ESNOBITAS Tomás Corona Rodríguez Habitan, exhibicionistas y extravagantes, en finos receptáculos de
vidrio craquelado. Dañan artificiosamente en su
procaz intento de socavar misterios insondables. Joden cotidianamente al
prójimo, ávidos de conmiseración y un mendrugo de pan. Pisan lirios blancos, pureza
inmaculada, manchándolos con su prosa mugrienta. Talan añejados árboles
literarios para fortificar sus agrietados y procaces textos. Evitan rozarse con la
muchedumbre taciturna y dolorosa que refleja su pobreza. Logran sus inicuos fines
pisoteando los cadáveres marchitos que dejan a su paso. Aglutinan jilgueros que se
ahogan rabiosos en su pecho de coplas discordantes. Gustan de maldecir y de
vituperar para llamar la atención de los fatuos perversos. Involucran en su soez
histeria por descifrar la desquiciante llaga de la vida infeliz. Niegan su destartalado
origen signado por la ignominia pauperizada y maloliente. Cenan vocifugios
ditirámbicos entre risas falsías y rumiantes ecos compartidos. Fugan sucias gotas de álgido
silicio con rabiosa impotencia por saberse mediocres. Olvidan pronto, incapaces de tolerar el más imperceptible soplo de
dicha verdadera. Urden planes maquiavélicos
para salir triunfantes pero sus rasgaduras los delatan. Sitúan fuera de lugar a los
seres y objetos para explicitar su disonancia cognitiva. Beben viernes perversos y
sábados de gloria, entre elíxires de juventud marchita. Huyen de la verdad ceniza
que redescubriría su descarnada y mísera existencia. Encajan esquirlas ácidas y
cuñas hirientes que fracturan el noble placer de servir. Riman dicotomías
insustanciales que provocan hastío en los cáusticos lectores. Someten a la musa
elíptico-poética con el etílico fluir de sus magros aforismos. Anuncian, heraldos oscuros y
apocalípticos, el inminente fin del homo sapiens. Duplican estereotipos
literarios mimetizándolos por entre los aires del tiempo ido. Justifican su fofo hacer en el erario declarando irónicos su
fanfarronería impúdica. Rastrean eventos fatuos y
gratuitos que alimentan su vanidad y sus tripas miserables. Luchan cada mañana contra
los demonios que azuzan su deteriorada cordura. Ondean banderolas de
arcoiris, su fementido y mancillado sexo de mariposas negras. Maman de la ubre
gubernamental hasta hincharse golosos de regodeos gratuitos. Corrigen en el éter,
ateridos y ocultos, prístinas metáforas que jamás escribieron. Navegan con el jirón roído
de la desvergüenza, acicalando al demonio del cinismo. Toman sin pedir y piden sin
dar: versos, mujeres, libros, moradas, bibliotecas. Bifurcan laberintos
borgianos pagando álgidos e inescrutables costos por su dicha. Fabrican, ufanos, miel
envenenada para nutrir la vehemencia de los espectadores. Patean latas de
incertidumbre, maldiciendo el doloroso instante de su concepción. Vulneran al mundo cada vez
que lanzan saetas versificadas de su rústica alforja. Evaden su yo interno y sobreviven a expensas de los otros como la rana
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