ANÁLISIS A FONDO Carlos Montemayor, corazón infinito Francisco Gómez Maza
Este párrafo de bella y solidaria escritura, unida al indio (no en servicio humillante), retrata a Carlos Montemayor, mexicano, parralense, chihuahuense, oaxaquense, chiapense, ciudadano del Universo, escritor, poeta, voz de tenor, impulsor de las letras indias de este inacabable país llamado México. "Guerra en el paraíso" y "Las armas del alba" me dejaron anonadado. La dramática, pero suavemente escrita historia de Lucio Cabañas, el profesor levantado en armas en ese paraíso llamado estado de Guerrero, guerra que duró un lustro, siendo un grito de desesperación, de angustia, de sangre, dolor y lágrimas ante la opresión, la injusticia, la corrupción y la impunidad de los gobiernos llamados “de la Revolución”. Y la reconstrucción histórico literaria del asalto al cuartel de Madera, en Chihuahua, el 23 de septiembre de 1965, nombre que adoptó uno de los grupos de guerrilleros más honestos, veraces, preocupados realmente por aquel presente mexicano y que dieron vida o libertad por defender el ideal de un México más humano, menos desigual, más solidario, más México.
Pero Carlos Montemayor no es sólo una sabiduría viviente. Y lo seguirá siendo. Es asimismo una autoridad, autoridad de la verdad, de su verdad que compartimos. Es miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, integrante de la Real Academia Española y de la Asociación de Escritores en Lenguas Indígenas. Sus novelas no son históricas, sino testimoniales. No cuenta cuentos. No narra fantasías. Cuenta la realidad vivida y vívida de este México que nunca acaba de hacerse, que vive marginado, incluso del modelo rabiosamente salvaje que le imponen los poderosos, con una legión multimillonaria de desheredados y un reducido grupúsculo de Epulones multimillonarios. Ha trabajado, como espléndido y prolífico trabajador de las letras, la historia oral, pues sus novelas están fundamentadas en la más pura y verídica verdad, la realidad. No es un ratón de bibliotecas, ni acumula fichas y fichas con datos que pueden ser o no ser verdaderos.
Carlos Montemayor ha mostrado también su apasionado interés por las lenguas indias, tanto que es el revisor de una antología de cuentistas oaxaqueños, hecho que fue tan determinante que no ha podido despegarse del estudio y difusión de ellas, como nos lo confía su obra "Encuentros en Oaxaca". Dos años más joven que yo, Carlos ha escrito poemarios como "Las armas del viento", "Abril y otros poemas" y "Memoria de verano". Es prolífico pues. Ha escrito tanto que puede llenarse una librería con tus libros: Las Armas del Viento, Abril y otros poemas, Abril y otras estaciones, Poesía, Antología personal, Los amores pastoriles. Las llaves de Urgell, El alba y otros cuentos, Operativo en el trópico, Cuentos gnósticos, La tormenta y otras historias, Mal de Piedra, Minas del Retorno, Guerra en el Paraíso. Los informes secretos, Las armas del alba, Tarahumara (en el que desnuda el alma gentil de los rarámuris) y ha traducido en buen romance las Odas de Píndaro y Carmina Burana, y para qué seguirle.
En fin, un hombre así. Un Carlos Montemayor así no puede no ser premiado, aunque su modestia no le permita gustar de los premios porque es un hombre que sólo hace su trabajo; lo que sabe hacer: ver, aprehender y escribir, y la escribida la escribe con el lenguaje del corazón. No obstante, ha sido laureado con el premio Internacional Juan Rulfo, ese progenitor de la narrativa auténticamente rural, de los páramos y los muertos vivos y los vivos muertos, y el calor de Comala, que es la envidia del infierno. Ha recibido también el Xavier Villaurrutia, el José Fuentes Mares, el Colima de narrativa. Viva Carlos siempre. Viva el políglota que habla y escribe en inglés, italiano, francés, griego clásico, clásico y vulgar, y el latín clásico y el culinario. Viva el Carlos Montemayor que ha entregado su vida a los grupos más vulnerables de México.
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