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DE BEIRUT A TEHERÁN*
Jean Meyer**

pltkNosotros los mexicanos no prestamos mucha atención a lo que pasa en Líbano, pequeño país de 10 mil 452 kilómetros cuadrados, y nos olvidamos de todo lo que debemos a la corriente migratoria libanesa. Líbano votó el domingo pasado, Irán votó el viernes y ambas elecciones tienen su importancia. Líbano nació entre los escombros del Imperio Otomano como “hogar cristiano” en el Medio Oriente, es decir, como un Estado cristiano en cuyo territorio vivían musulmanes.
Bajo mandato francés, como Siria, hasta 1943, independiente después, había sido concebido y funcionaba como un Estado-colchón en una zona conflictiva; de la misma manera que Uruguay entre Argentina y Brasil o como Bélgica antes de la Primera Guerra Mundial. Esa neutralidad hospitalaria le valió ser considerado como la Suiza de la región, por sus actividades bancarias, comerciales, portuarias y también por su comunitarismo (cuenta 18 confesiones que sirven de marcadores sociopolíticos), hasta 1975.
Desde 1975 ha sufrido 20 años de guerra civil, prolongada por la ocupación siria hasta 2005 y varias invasiones israelíes; por cierto, Siria no reconoció nunca la independencia de Líbano, que consideraba (¿considera todavía?) como su provincia marítima. No sé si la llegada muy reciente de un embajador sirio a Beirut significa un cambio real en la línea de Damasco. Lo cierto es que la Suiza del Medio Oriente se transformó desde 1975 en un campo de batalla que recicla todos los conflictos de la región, los que oponen a Israel con muchos vecinos y con los palestinos, a Siria con Irak y Egipto, a Irán con los países árabes, con la sola excepción de Siria, su aliada. En ese gran juego participan Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia, Corea del Norte, etcétera…
Y Líbano se dividió y la coexistencia pacífica de sus numerosas comunidades quedó en el pasado. ¿Por qué? La desgracia fue la guerra de los seis días, en junio de 1967, que causó la derrota de Egipto, mejor dicho, de su líder Nasser, esperanza de las multitudes árabes, con su socialismo panárabe, laico y desarrollista. A partir de esta fecha, los musulmanes de Líbano, divididos en sunitas y chiítas, dejaron de considerarse como los huéspedes de un Líbano cristiano y entraron en política; el islam se volvió libanés, lo que espantó a los cristianos maronitas (de rito oriental pero unidos a Roma), acostumbrados a controlar el Estado, más allá de la presencia simbólica de sunitas en la cumbre del Estado.
La generosa hospitalidad ofrecida por Líbano a los palestinos no hizo sino acelerar la ruptura de los equilibrios tradicionales, preludio a la guerra civil y a la intervención extranjera.
Hasta la fecha Líbano no ha podido encontrar un equilibrio. Apenas terminaba de sanar de sus heridas, cuando en el verano de 2006 Israel invadió el sur que había ocupado durante años, para castigar a las milicias del movimiento chiíta Hezbolá, el Partido de Dios, financiado por Irán, apoyado por Siria. Fracaso militar total, con un alto costo para los libaneses en vidas y ruinas, fracaso político total puesto que aumentó el prestigio de Hezbolá y devolvió a Siria la esperanza de incorporar un día a Líbano a su territorio.
Por lo mismo, los observadores esperaban con ansiedad el resultado de las elecciones legislativas del domingo 7 de junio. ¿Quién ganaría, el Movimiento 14 de Marzo, que agrupa todas las fuerzas opuestas a Siria, o los partidos chiítas Hezbolá y Amal, aliados con el ex general Miguel Aún? En la primera coalición hay musulmanes sunitas, drusos y cristianos de diversas iglesias; en la segunda, puede sorprender la presencia de la Corriente Patriótica del general Aún, cristiano, ahora aliado de los chiítas y de Siria, cuando en 1989, un 14 de marzo, el mismo general atacó a las fuerzas de ocupación sirias para obligar al mundo a intervenir en Líbano. Ahora es el enemigo mortal del Movimiento 14 de Marzo que le debe su nombre…
Ganó la coalición antisiria, que quiere reforzar los lazos con Europa y América, con los estados árabes, para defenderse de la intervención de Siria e Irán. La participación electoral fue más alta que de costumbre porque muchos se asustaron frente a la posible victoria de Hezbolá.
¿Cómo formar un verdadero gobierno en un país que se antoja ingobernable? ¿Se mantendrá el actual pacto político que da a la oposición un tercio de las secretarías y el derecho de veto? Además de sus conflictos intracomunitarios e intercomunitarios, Líbano está atrapado en el gran juego internacional en el cual Irán es un actor clave. Por eso las elecciones iraníes cuentan mucho para este pequeño y hermoso país.

* El Universal, 14 de junio de 2009
** Profesor investigador del CIDE
jean.meyer@cide.edu

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