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529 3 de mayo de 2010 |
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ANÁLISIS A FONDO Raúl Medina Mora
Hay tristeza en mi corazón por la partida, pero ya era tiempo. Raúl estaba ya muy enfermo y su espíritu requería ya liberarse del cuerpo. El ser humano nace, crece, se realiza, envejece, enferma y muere. Es la historia inevitable de todo mortal.
Raúl hizo lo que quiso en la vida. Hombre de libertad, al fin. Realizó sus estudios preuniversitarios en el Instituto Franco Inglés; sus estudios profesionales en la Escuela Nacional de Jurisprudencia de la Universidad Nacional Autónoma de México y se licenció en 1949, cuatro añitos contaba yo por esas fechas. En la academia se inició como ayudante de investigación en el Instituto de Derecho Comparado. Impartió dos cursos sobre el régimen jurídico de las empresas públicas. Fue profesor de la Facultad de derecho de su alma mater – la UNAM -. Impartió cátedra sobre problemas contemporáneos mexicanos y latinoamericanos en mi alma mater, la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Hasta el viernes, víspera de su partida, Raúl era miembro de la Barra Mexicana de Abogados, del Colegio de abogados y miembro de su Consejo Directivo, fue su presidente hasta 1993. También fue presidente de la Unión Internacional de Abogados, con sede en París; de la Comisión y Arbitraje del Capítulo Mexicano de la Cámara Internacional de Comercio; miembro internacional de la American Bar Association y fungió como miembro del Consejo Editorial de la Revista de Derecho Privado del preclaro y muy querido Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Su currículum asienta que se desempeñó como secretario particular del director general de Petróleos Mexicanos; presidente del Instituto Mexicano de Estudios Políticos, presidente de la Barra Mexicana, del Colegio de Abogados, y participó como negociador por el Comité Mexicano de la Práctica Internacional de Derecho. Participó como ponente en diversos seminarios y conferencias en Estados Unidos, sobre temas como la industria petrolera de México, la Ley sobre Inversiones Extranjeras y los principales aspectos de la relación con ese país y el ejercicio internacional de la abogacía. En México, dictó múltiples conferencias en toda la república sobre derecho mexicano, antecedentes y aspectos diversos relacionados con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, y participó como árbitro en arbitrajes comerciales internacionales, administrados por la Corte Internacional de Arbitraje de la Cámara Internacional de Comercio con sede en París.
Mi querido e inolvidable Raúl Medina Mora escribió y publicó diversos artículos sobre asuntos jurídicos y le fue otorgado el Premio Nacional de Jurisprudencia, Barra Mexicana de Abogados y Colegio de Abogados, correspondiente a la edición 1977. Intervino de forma continua en la formación, desenvolvimiento, trasformación, fusión y operaciones internacionales de sociedades mercantiles, incluyendo contratos de crédito y aspectos fiscales de sus operaciones, y en la negociación de contratos de inversión y adquisición de compañías, especialmente la negociación de fideicomisos. En fin, un hombre, un abogado, un académico y un hombre de acción que se ha ido, pero que continuará presente entre nosotros por el resto de nuestros días, porque Raúl supo sumar; nunca restar. Luisa, su compañera de la vida, está orgullosa. Triste, obviamente, pero satisfecha de haber convivido, de haberse hermanado con un hombre de la talla de Raúl. Sus hijos e hijas tendrán la memoria del padre que más que padre fue amigo, maestro, hermano, compañero. Raúl vivió el concepto y la práctica de la familia plena, integrada, solidaria, democrática, ejemplo de comunidad humana que es la célula de una sociedad que no quiere despuntar, que es bombardeada por la propaganda y la publicidad fútil, trivial, disgregadora, deformante. Como un dato personal, curioso, Raúl y sus contemporáneos del Movimiento Familiar Cristiano, sus más amigos, casi sus hermanos, formó un grupo informal autodenominado jocosamente “Jardines del Recuerdo”, que se reunía con frecuencia en cada de cada uno de sus integrantes. Creo que el único patriarca que queda aún en este mundo es el inmemorial ingeniero civil José Álvarez Icaza Manero, fundador del Centro Nacional de Comunicación Social y, antes, del Movimiento Familiar Cristiano, de la Federación Latinoamericana del Movimiento Familiar Cristiano, auditor laico en el Concilio Vaticano II y fundador, al lado del ingeniero Heberto Castillo Martínez, del Partido Mexicano de los Trabajadores. Raúl Medina Mora se ha marchado a un viaje sin retorno. Pero su presencia, su obra, su bondad, su amor quedan en el corazón de quienes fuimos sus amigos.
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