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1 de julio de 2010
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Las letras del Sanmillano

Ileana Cepeda

 

Escribir, es un acto de valentía.

Leer, es  un acto de generosidad.

Lorena Sanmillán

 

El acto colectivo, deconstruye y forma en la construcción derrideana del ser. Las lecturas, el trozo de uno en la individualidad de cada una de ellas construye el todo que es El Sanmillano.

 

El Encuentro Internacional de Escritores Sanmillanos, nace en la evocación necesaria de un espacio, de un lugar en el tiempo para la lectura, los amigos, y  las letras. El cumpleaños de Lorena es la excusa para convocar, asistir, compartir abrazos y letras que vagan y se anidan en el pensamiento de los escuchas, en el presente, pasado y futuro de quienes son lectores y escuchas de las mesas del Encuentro.

 

Inicia el día, con un sol quemante que en algún momento enmudeció a alguno de los participantes al repasar la lectura en su mente, modular en silencios la voz que dejaría salir al estar frente al micrófono.

 

La bienvenida la ofrece Lorena, el personaje creado para y en la cuna de la literatura. Toma vida en voz de Nohemí. Quien la esconde y arropa en la desnudez de su pluma. Anuncia la primera mesa de escritores; en donde habita uno de los creadores de este espacio. Que junto a ella, se ha volcado en la promoción de la cultura y la escritura en este terruño norteño de nuestro país: Eligio Coronado. Él nos deja una duda: ¿a quién viste, Eligio?; ¿a quiénes te encontraste en la complicidad de la mirada? Nos lee y con su lectura comienza a pardear la tarde, a esconderse el sol y a dejar salir la parte de la luna, una buena parte de la luna que nos iluminó las letras. Eduardo Zambrano, Leticia Herrera, Homero Martínez (en representación de la Palomilla Apocatastásica),  Adriana Cisneros y el mismo Eligio Coronado formaban parte de la primera mesa. Iniciaron las primeras letras y atraparon los escuchas.

 

Los temas necesarios y recurrentes fueron las dedicatorias a Monsiváis, a Saramago, y al futbol. El sexo se acomodó varias veces en la mesa, así como el infaltable amor y desamor; los temas sociales, los muertos, la violencia, la injusticia, también condimentaron el plato con el que saboreábamos la noche.

Las voces entran al patio donde salen libremente a pasear por el crespón, el escucha más ávido de la noche. La noche se convirtió en mesas de discusiones, poesía, cronopios y hedonistas que disfrutaban la lectura más que la escucha. Prueba de ello, la intercepción de una lectora apresurada que, mientras me preguntaba a qué horas seguiría, ignoraba las letras del lector en turno que escurrían como los  hilos de sandía dejados hacía un rato por Ximena Peredo durante su intervención.

 

Este acto me recordó un texto de Gabriel Zaid, “La oferta y la demanda de la poesía”, de su obra ensayística Los demasiados libros. En este texto el autor reflexiona sobre los escritores-lectores. Menciona Zaid que, millones de personas deseamos con tanto fervor publicar libros, pero si esos millones nos convirtiéramos en lectores de los otros, se diera un fenómeno jamás visto de lectores y de ventas de libros. En el Sanmillano había más lectores que escuchas y de pronto los “shhh” se escuchaban insistentes para las voces que causaban interferencia entre los lectores y los insuficientes escuchas atentos.

 

Las mesa dos se ponía. Ricardo Díaz, Marcelo, Alfonso Teja, Pablo Montelongo y Luis Frías Teneyuque, la mesa de varones, una mesa de olor a amistad, a generaciones disímiles y a la diversidad de temáticas abordadas, los amores y la voz social de lucha y protesta, se escucharon rondar por las paredes. Graciela Ríos, Ángeles Ochoa, María Concepción Hinojosa Velasco, Reynaldo Saldívar y  Juan Manuel Carreño, formaron parte de la comunidad de escritores en la siguiente mesa. Carreño nos lee y quita el hambre con su cuento de los tamalitos. No, Carreño, no todos somos iguales; un cuento para recordar. La cuarta mesa estuvo formada por Héctor González Reyes, María Elena Espinosa, Esteban Ovalle, Gabriela Sáenz y Víctor Olguín, quien nos regaló poesía inspirada en sus niños, en sus sobrinos: “Saramago, ¿será mago?” Y las risas de niños sonaron por el patio.

 

Anuncian la llegada de la siguiente mesa y se escuchan los gritos: “ésta es una mesa pesada”: Pedro de Isla, Guillermo Berrones, Ximena Peredo, Fernando Elizondo, formaron parte de ella. Pedro de Isla, nos recuerda el futbol; Guillermo Berrones, con su voz que arde, lee “Pez que arde” y con su acento traicionero nos lee “Traición”; de Fernando Elizondo, escuchamos “El orden no altera el placer” y versos que se escapaban y caían en los brazos extendidos de los escuchas que decían: “me sueño ayer y despierto hoy”. Ximena y su eterna expresividad, su cara renuente a estarse quieta, nos dice: “la sandía que se escurre en hilos rojos por tu barba”. ¿Por qué los poetas no tienen una estrella en la frente, o un resplandor visible, o un rayo que les salga de las orejas?, preguntaba Sabines, los poetas alumbrados por la luna acomodan su cuerpo para salir en la foto; Pablo Montelongo los enfoca y se dispara el recuerdo del presente. Queda la mesa vacía esperando a los demás escritores sin orejas de burro.

 

Penélope Montes, el mismísimo Luis Aguilar, Marcelo de la Rosa y quien escribe desfilaron en las siguientes mesas. Aguilar, por primera vez en el Sanmillano, nos regaló, entre otras, la imagen de “sus alas oscuras como paloma blanca”. Mi turno de leer: elegí un cuento para leerle a Lorena en su día. Más que un cuento es una respuesta a un padecimiento, al síntoma de tener un nudo atorado en la garganta. Marcelo de la Rosa, terminó la lectura de la mesa con dos cuentos, uno largo y uno chiquito, con el que nos hizo dibujar una amplia sonrisa, al anunciarlo con esa característica.

 

Aidé Cavazos, Román Castañeda, Sol Casdiz, Otoniel Guevara (quien viajó desde El Salvador), Adrián Pérez, Osiris, Vidal Medina, Javier Romo, Elia Martínez-Rodarte, Odvidio Reyna, Santiago García, Armando Alanís y Fausto Nedhn, entre otros, formaron parte de las siguientes mesas. Corrían y corrían las palabras buscando ecos y recovecos para anidarse y formar imágenes que permanecen y recordaremos en el porvenir de los espacios. Aidé aderezó la lectura con una salsa de chile chipotle, Sol nos gritó ¡Goool!, con el sentimiento mundialista que nos hizo vibrar las venas. Ramón Castañeda nos demuestra su “pasión por la nada”, Javier nos lee y comienzan a fluir ideas convertidas en palabras. Adrián, prolonga la lectura y se escuchan sonar los Polvos de Venus. “La quince” nos mantiene atentos, mientras seguimos las palabras de Adrián: ¡Ya Tere, déjate! Y Tere se construía en sus palabras. Vidal, llega nostálgico leyendo “Nostalgia de las seis”, donde aprendimos a decir follar; la mesa subía de tono y el calor lo apagaba el aire que de pronto se sentía bailar por el patio que cada vez se llenaba más y más de letras.

 

Elia, ivaginariamente Elia, con sus consejos que tanto agradecemos las mujeres y los hombres toman nota, la belleza de la voz, con la fuerza de la poética y el temperamento engrandecido, la escritora suelta el micrófono. Fausto Nedhni termina y da comienzo al otro día. Las horas del lunes se han ido en la eternidad que siempre comienza este día y el martes comienza con su voz. Santiago García mueve los “molinos” con las letras y los sonidos que fluyen de su garganta. Odvidio Reyna, arranca los aplausos y los silencios con su lectura, el evento comienza la letra regresiva. Armando Alanís llega con las bardas en la voz y la poesía en las manos.

 

Los escuchas traen regalos: Zaira Espinoza nos regala un ejemplar de la Revista Posdata (P. D.) a cada lector. Oyente casual, Dulce Garza twittea el evento cuando la computadora se queda vacía de palabras y ella la llena con la magia de los sucesos. Luis Lauro Garza, camina por los pasillos, saludando a los amigos, abrazando a los sospechosos habituales, escuchando, escuchando el murmullo de las letras. Romel Luna, Teresa González, fotógrafos de sonidos nos regalan sus ojos paseando por el evento y su lente.

 

Gamaliel, René Rojas, Eva Trujillo, Laura Alicia Fernández, Moisés Ayala en la antesala del fin del evento capturan a los oyentes aferrados, a los que se quedan, a los que permanecen al pie de las letras y con el cuerpo tapizado en palabras. “La vida es como el juego de futbol”, construimos en cada letra a los protagonistas de nuestro juego. Monsiváis, encajuelados, plantones y plantados, temas comunes contados de manera extraordinaria. Los escritores se me escapan con sus letras, se me van por los hilos que deja mi pluma en un papel que ha dejado de ser blanco para convertirse en una lluvia de notas, el aperitivo de esta crónica.

 

Final. La mesa final se llena con dos escritores. Ella, delicadamente Dulce, en la mano un libro y en la otra la amarga bebida que equilibra los sabores de su voz. Dos capítulos nos bastaron para que Dulce María González nos embarcara en el trasatlántico que le salió a la vida. Mercedes Luminosa se ilumina complacida de escuchar la frase final: “A la vida le salió un trasatlántico”. Lorena aplaudía en primera fila.

 

Jorge Rodríguez comienza a construir con su voz a Martín Calavera, sazona con Martín la calavera en la descripción de un personaje que se construye en el maridaje de letras y sonidos, de voces y silencios, de puntos seguidos y finales. La última foto, los últimos reconocimientos, a levantar las sillas, las mesas, los envases. A cargar las cajas, a subir los restos, a despejar el patio, a despedir a los sobrevivientes, a terminar con los oídos tapados de letras, a levantar las que quedaron en el piso, a saborearlas, a salir del patio, a entrar a la ciudad.

 

Lorena sale del Gargantúas con un año más, con miles de palabras, con demasiados amigos, con textos sobre sus hombros, con otro evento atrás y muchos en el porvenir. Comienza a pensarlo, comienza a bordar la próxima lectura. Termina y comienza a escribir el Sanmillano 2011.

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