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DERECHO AL ABORTO
Graciela Ríos

Todas las mujeres deberíamos ser férreas defensoras de nuestros derechos. Basta ya de sumisión y aceptación de reglas impuestas por quienes no han tenido respeto hacia nuestros cuerpos, inteligencia y espíritus.
Las mujeres han sido utilizadas a través de los tiempos como objetos sexuales, incubadoras, niñeras, sirvientas;  pero casi nunca han sido valoradas como adultas, maduras, responsables y suficientemente capaces como para decidir por sí mismas, el rumbo de sus vidas.
Hace décadas comenzó la liberación femenina. Por eso me extraña que poco o nada estemos haciendo todas, y principalmente las de lucha, las feministas, activistas, intelectuales, libre pensadoras, líderes de opinión, ¡las de izquierda!, para detener el retroceso que se está viviendo en cuestión de nuestros derechos y de nuestra libertad.
Son ya 18 Estados de la República los que han modificado la Constitución para impedir que las mujeres puedan ejercer el derecho de abortar.
Veracruz, Baja California, Campeche, Chihuahua, Colima, Durango, Guanajuato, Jalisco, Morelos, Nayarit, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, Querétaro, San Luis, Sonora y Yucatán. Aguascalientes y Michoacán no tardan en sumarse.
El aborto no es un privilegio ni un capricho. No es un deseo en la lista de aspiraciones en la vida de una mujer. No es una ambición ni un logro para nadie. Tampoco es una decisión fácil y hoy por hoy, ni siquiera es legal en buena parte de nuestro territorio.
La mujer que decide un aborto es una mujer doliente, vulnerable, lacerada, asustada, impotente y la inmensa mayoría de las veces, obligada por las circunstancias. Para colmo, son juzgadas y serán encarceladas por muchos de los mismos que las embarazan y las dejan abandonadas a su suerte.
Pero no se trata de estar a favor o no del aborto. Difícilmente alguien podría estarlo. Tampoco de ganar en la disertación acerca de si en el momento de la concepción se es producto o persona. Se trata de salvaguardar los derechos más trascendentes de un ser humano: derecho a la libertad, a la autonomía, a su intimidad.
Las mujeres, y sin penalización alguna, deben poder decidir sobre sus cuerpos, ser dueñas de sí mismas y guiar su futuro y la manera en que transitan por la vida.

grios@assesor.com.mx

 

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