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29 Diciembre 2010
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La derrota de Obama
Samuel Schmidt

Llegué a la cena y el anfitrión me recibió con un: “mira al pinche negro que nos pusieron de presidente”. No se trataba de uno de los llamados rednecks, categoría que se refiere a ciertos campesinos de la zona centro de Estados Unidos, gente con poca educación y de carácter ultra conservador. Estaba yo hablando con un mexicano, profesionista, de nivel económico elevado, ultra conservador, hijo de inmigrantes y racista. Tenía mucho más en común con los rednecks de lo que estaba dispuesto a aceptar.

La derecha odia a Obama por su color, no por su política. El argumento dicho en privado, el odio racial y el rechazo enfermizo a que gobierne alguien “distinto” se ha disfrazado de múltiples maneras para evitar la censura pública, especialmente en un país que pretende vivir de una forma políticamente correcta.

En muy pocas semanas Obama pasó a ser responsable de la crisis económica producida por los republicanos y la actitud irresponsable de la administración Bush, donde se eliminaron las regulaciones y se dejó de vigilar a las grandes empresas que se dieron el banquete de su vida hasta que descarrilaron a la economía mundial produciendo una crisis que no termina hasta ahora.

Junto con eso Obama pasó a ser “extranjero”, con todo lo que involucra la xenofobia que inunda los medios de comunicación controlados por los conservadores. A esto se le pegó la “acusación” de ser musulmán, porque la gente puede tener la religión que quiera, menos musulmán. La exigencia de que mostrara su acta de nacimiento, más el hecho que su segundo nombre sea Hussein lo ponía automáticamente en el terreno de la traición.

Por si esto no tuviera la suficiente carga ideológica, después se le acusó de comunista y hasta de nazi. Pegue usted todos los adjetivos y encontrará a un negro, musulmán, extranjero, comunista, nazi que implica el peor de los peligros para la sana democracia estadounidense, donde se ha denunciado hasta el cansancio que hasta los muertos votan, que es el mayor mercado de drogas en el mundo, donde se registra un elevado nivel de violencia familiar y estudiantil y donde los grupos de odio crecen con una rapidez sorprendente.

Eso sí, Assange y sus Wikileaks se definen como terroristas y no falta el periodista zafio que considera que Wikileaks denuncia lo que los cables diplomáticos de Estados Unidos reportaron en su momento. Pero finalmente la derecha derrotó a Obama.

Obama tenía dos cosas a su favor: un enorme bono político, el mundo lo abrazó con ánimo después de la oscura época Bush, quien avasalló con la paz en una buena parte del mundo para beneficiar a sus amigos; y la capacidad de convencer a la sociedad estadounidense después de arrasar en las elecciones. Sin embargo no utilizó el capital político con el que llegaba a la oficina oval.
Obama trató de ser un presidente de gran consenso, lo que requirió la inversión de mucho tiempo y energía, mientras el clima adverso le reducía ventajas y le daba tiempo a la ultra derecha para crearle suficientes contrapesos como para causarle derrotas políticas muy sustanciales, como la de las elecciones intermedias de 2010.

Sus grandes promesas se quedaron truncas. No logró cerrar Guantánamo, la reforma de salud quedó coja y está en peligro de naufragar, la reforma migratoria se ha cebado enfureciendo a los activistas que pensaron que su esfuerzo sería retribuido, no ha terminado de salirse de Iraq y ya se ha metido hasta el cuello en Afganistán; y es que sobre los militares no manda, aunque haya corrido a un general insubordinado y grosero.

La falta de pericia de Obama ha propiciado que su gabinete se vaya enflaqueciendo, que los ratones abandonen el barco antes que se hunda, y que la derecha se haya fortalecido. No es solamente que haya perdido la ventaja que tenía en el congreso y el senado –y que no supo aprovechar- sino que la ultra derecha empieza a conseguir posiciones atreviéndose a cosas que veía con cuidado, por ejemplo, ya han borrado a César Chávez de los libros de historia en Texas.

Si los demócratas insisten en respetar al presidente en la elección del 2012, corren el peligro de perder la elección, si no lo respetan todavía podrán salvar algo de lo perdido, aunque hoy el partido demócrata se ha movido a la derecha más de lo prudente y esto es muy mala señal para todos los que son diferentes: extranjeros, religiones distintas, otros colores de piel, gente con otras opciones sexuales y los de otra ideología.

Veremos ahora al Estados Unidos intolerante e irrespetuoso, al que arrasa sin clemencia, al que quiere ver al mundo a sus pies. O sea, una peligrosa vuelta al peor pasado.

 

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