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904 12 Octubre 2011

ANÁLISIS A FONDO
Coaliciones, ¿cambio radical?
Francisco Gómez Maza

Profesora Esperanza Maza, in memoriam

Del presidencialismo al parlamentarismo
Una verdadera revolución política electoral

Ciudad de México.- Ni idea tienen los intelectuales y políticos que proponen un “gobierno de coalición” para México.

Y no se necesita ir lejos para que un lector común como su servidor o muchos de los ciudadanos sepamos algo acerca de las coaliciones de gobierno.

Ahí está Wkipedia, la fuente más próxima, la más sencilla, la más fácil de comprender, sin adornos academicistas. Pueden consultarla los connotados miembros de la clase política que proponen “gobierno de coalición”, para no ir a los clásicos. Pueden también escudriñar el Diccionario Crítico de Ciencias Sociales.

Pero quedémonos con la enciclopedia de la gente común:

Un gobierno de coalición es aquel que se forma cuando un grupo parlamentario no tiene mayoría suficiente como para formar gobierno, por lo que se ve obligado a pactar con otro grupo, normalmente de ideología política afín, para formar un gobierno conjunto.

Pero… los gobiernos de coalición son propios de los sistemas parlamentarios, predominantes en Europa en los que la formación del gobierno requiere de la confianza del parlamento. En los sistemas presidencialistas, mayoritarios en América, el jefe del gobierno es electo por votación popular y puede ejercer independientemente del partido que tenga mayoría en el congreso. Y hasta ahora, el de México es un sistema presidencialista.

En el parlamentarismo, el partido con más representantes tiene la iniciativa para formar gobierno después de unas elecciones. Si cuenta con mayoría absoluta, su candidato será investido como jefe del gobierno y tendrá suficientes garantías para gobernar en solitario. En el caso de que no llegue a la mitad de los escaños de la cámara, el partido ganador tiene las siguientes opciones:

Intentar formar un gobierno de minoría: para ello deberá negociar con otras fuerzas políticas para persuadirlas a que voten a favor de su candidato en la investidura, y posteriormente legislar buscando apoyos parlamentarios puntuales en cada votación.

Intentar formar un gobierno de coalición; negociar con otra(s) fuerza(s) la creación de un gabinete de gobierno que contenga miembros de todos los partidos del acuerdo.

La iniciativa de formar un gobierno de coalición suele proceder del partido ganador de las elecciones. El ejemplo más representativo de coalición gubernamental actual es la del Reino Unido. El Partido Conservador de David Cameron ganó las elecciones de 2010, aunque sin llegar a la mayoría absoluta. Cameron llegó a un acuerdo con el Partido Liberal de Nick Clegg, que, a cambio de incluir a varios de sus miembros en el Gobierno, le aportaría el apoyo parlamentario suficiente para una mayoría sólida.

En ocasiones, el partido ganador de las elecciones, si no tiene mayoría absoluta, puede verse superado por el resto de fuerzas políticas, si estas conforman un gobierno de coalición. Por ejemplo, en Japón, tras las elecciones generales de 1993, en las que el Partido Liberal Democrático (PLD) perdió la mayoría absoluta, un grupo de ocho partidos de izquierda, que no deseaban la continuidad del PLD en el gobierno, se aliaron para formar una coalición gubernamental.

Otro ejemplo lo encontramos en las elecciones de Galicia (España) en 2005. El Partido Popular, de centro-derecha, se quedó a un escaño de la mayoría absoluta, con 37 de los 75 escaños del Parlamento. Los otros dos partidos que obtuvieron representación, el Partido Socialista (25) y el Bloque Nacionalista Gallego (13) formaron una coalición de izquierdas llamada Bipartito Gallego.

Como ven, pues, para que en México se estableciera el sistema de gobierno de coalición, tendría que haber una verdadera revolución: cambiar de tajo. Abandonar el gobierno presidencialista e instaurar el sistema parlamentario, en donde el que decide en realidad es el parlamento. Tendrían que desaparecer las cámaras de diputados y senadores tan como están. Un cambio radical dentro de la democracia representativa.

Y si los diputados no se ponen de acuerdo para la reelección de diputados y presidentes municipales, o para la instauración de las candidaturas independientes, y menos para la segunda vuelta en la elección presidencial, imaginen qué harán si se les pone en las manos la brasa candente del cambio de sistema político.

El presidencialismo ciertamente es el autor de todos nuestros infortunios. Pero el cambio de sistema tiene que ser propuesto “desde abajo”. Los ciudadanos ya están hartos de imposiciones. Y no se les puede imponer ni siquiera la democracia real.

Hay mucha tela que cortar en este asunto. Pero esta tarea es encargo para los especialistas en ciencia política. Quedémonos con estas explicaciones sencillas para el vulgo, al cual me enorgullece pertenecer.

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