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514 12 de abril de 2010 |
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ANÁLISIS A FONDO Respuesta a Gómez Mont Francisco Gómez Maza
Y lo que se logra con declaraciones mediáticas, ligeras, irresponsables, inconscientes es exacerbar los ánimos, la soberbia, la validez de sí mismos de los capos del crimen organizado y el narcotráfico, que obviamente tienen todos los recursos financieros, pingües recursos financieros, y bélicos – armas de alto poder, arsenales de todo tipo – y son capaces de responder con atentados y asesinatos a mansalva. Están en guerra, pues. Se las declaró hace tres años y un trimestre el mismísimo Felipe Calderón y no se van a dejar, porque sus multimillonarias ganancias por el comercio de drogas ilegales se les vendría abajo. Es más, los narcotraficantes de mueren de la risa porque el combate gubernamental contra ellos lo único que logra es encarecer el producto y las exportaciones de todo tipo de estupefacientes, como ya lo han probado diversos especialistas, expertos, pensadores, como lo consignamos aquí en espacio anterior con el análisis realizado en 1991 por uno de los progenitores del Neoliberalismo, el cuestionado economista Milton Friedmann, para quien los únicos beneficiados con la guerra son los narcotraficantes. Y los muertos, porque muertos están y ya no tienen que padecer la inseguridad y la violencia en una sociedad que está enferma de neurosis, desde la casa Presidencial de Los Pinos hasta la más ínfima barraca de una ciudad perdida, o de un pueblo sin ley en cualquier región de la federación mexicana.
El mismo Gómez Mont ha reconocido, contradictoriamente, que si algo dice la entrevista (publicada por el semanario Proceso) es que éste (el de la lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico) es un tema que lleva 40 años”. Cuarenta años de que los gobiernos que enfrentan el problema – en América Latina, Colombia y México, más intensamente, no pueden con los capos del narco, que en esas cuatro décadas se han posicionado por encima del Estado; o han creado un Estado criminal dentro del lo que los positivistas llaman Estado nacional, que no es más que un mito, en el que el gobierno se constituye en Estado, que implementa una estrategia absolutamente equívoca para combatir al crimen. Un clavo no saca otro clavo. La violencia, pues, sólo engendra violencia y, mientras más intensa es, pare más violencia, sangre, secuestros, asesinatos de mujeres – que hay que llamarles “feminicidios” – al por mayor, “levantones”, ejecuciones, decapitados, quemados en ácido, ahorcados, asesinatos de miles de inocentes, errores garrafales de fuerzas militares y de seguridad, y un titipuchal de muertos, viudas, huérfanos, que hoy por hoy son ya legión en este país.
Creo que es el momento de una reflexión generalizada, una reflexión que tienen que hacer los servidores públicos, nuestros empleados, desde el encargado del llamado poder ejecutivo, pasando por las cámaras legislativas y el llamado poder judicial. Insisto. No es con las armas ni menos con declaraciones como la de Fernando Gómez Mont como se acortará el tiempo de la victoria, ni ésta se dará con publicidad y propaganda mediática, que ya va siendo aburrida para quienes tienen que ver su programa favorito en la televisión. Ya nadie cree. Ya apaga el televisor cuando comienzan los spots diciendo que se han detenido a quinimil capos, que quién sabe dónde estén encarcelados, porque por lo visto los jueces dejan libres al 90 por ciento por falta de pruebas. Es pues el momento, mi querido Felipe. Escucha. Escucha el clamor de quienes, con juicios y actitudes razonables, están insiste e insiste en que hay que echar a andar el Logos, la imaginación, el Eros, para inventar lo que ya está inventado. Al Capone hacía lo mismo que los capos del crimen organizado mexicano. Mataba, asesinaba, rafagueaba a los colaboradores de Eliot Ness, a sus rivales de otras mafias, y tenía en “buen gusto”, la “amabilidad” de mandarles al velorio una corona de flores. Al Capone no pudo ser acusado más que de evasión de impuestos, pero se acabó Al Capone, se acabó la violencia, se terminaron los asaltos, los asesinatos masivos inclusive, cuando el Congreso de los Estados Unidos acabó con la “Prohibición”. Y el alcohol fue un producto legalizado, socialmente aceptado, y eso que es la droga más maldita, más perniciosa entre todos los estupefacientes que ahora son considerados ilegales.
Así que mientras la dia-bólica tertulia, bacanal, orgía sangrienta continúe, continuará haciendo su agosto el crimen organizado y las ganancias de los comercializadores de drogas continuarán multiplicándose exponencialmente. Son las reglas de la economía. Se dificulta la producción, la cosecha, el procesamiento, la comercialización de un producto y su precio se va por las nubes y como la demanda es inacabable – porque no se le declara la guerra a la demanda; sencillamente porque los individuos son absolutamente libres de vivir o morir de acuerdo a sus situaciones de salud, de neurosis, de dependencia de algún estupefaciente. Fíjense en los logros de Alcohólicos Anónimos. Han rehabilitado a millones de adictos al alcohol y a las drogas, aunque su programa de recuperación no vaya dirigido directamente a estos últimos. Su programa de recuperación es más eficiente y eficaz que una R15 o una AK-47.
http://analisisafondo.blogspot.com/
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