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11 de mayo de 2010
15diario.com  


 

Los “maestros” que reprueban

Héctor Franco Sáenz

En el calendario escolar han pasado a ocupar un importante lugar las fechas y periodos en que se dan a conocer los resultados de determinadas evaluaciones, ya sean éstos los de “Enlace”, PISA, o las que se aplican a quienes desean incorporarse al ejercicio de la docencia y concursan por una plaza en la educación básica.

 

Los resultados en sí, con el debido añadido de los medios, se convierten por unos días, en motivo de alarma y tema obligado de los editorialistas, hasta que el tiempo se encarga de otra vez volver a colocar el tema en el arcón de los asuntos pendientes, hasta que vuelva el siguiente año o que el término del sexenio se encargue de pasarlos a cuentas incobrables.

 

En cuanto a este asunto lo primero que habría de precisarse, ahora que está en puerta el “Día del Maestro”, es acerca de la denominación que se hace de las personas que presentan para ocupar la plaza, en ocasiones se les llama docentes, en otras se les dice maestros, cada vez menos se les designa como profesores, debiendo ser en todo caso, la de “aspirantes a maestros”.

 

La denominación anterior no es sencilla, dado que en realidad, quienes se presentan a concursar en las convocatorias expedidas por la SEP, son personas que ya están ejerciendo el oficio, pero por “contrato”, como se ha vuelto común en las últimas décadas y para no reconocer sus derechos ya adquiridos, a quienes están en esa situación se les “invita a concursar” para que puedan a acceder a una plaza en propiedad. Con pequeñas diferencias, lo mismo ha venido sucediendo en instituciones de nivel superior durante el mismo periodo.

 

Por lo general, ni las autoridades educativas ni los centros de investigación, se han dado a la tarea de buscar alguna explicación acerca de por qué se presenta este fenómeno, o sea, sobre las razones que influyen para que quienes aspiran a dedicarse a la docencia no acrediten las evaluaciones que les son aplicadas, cosa que se resuelve culpando a las mismas Normales o a niveles anteriores del sistema educativo.

 

Aunque pareciera así de sencilla la respuesta a la problemática planteada, dejarlo en ese nivel no haría más que seguir encubriendo la situación de fondo que ha permitido que este hecho se presente y el Estado mismo prohijado, y en vez de asumir su responsabilidad en el asunto solo se limita a difundir los resultados.

 

Una línea a seguir en este análisis, es la de buscar de dónde vienen los que presentan y aspiran a ocupar una plaza. Por lo general, hasta 1980, quienes llegaban a ocupar una plaza como maestro de primaria o secundaria eran personas que se formaban en las Escuelas Normales Oficiales, estatales o federales, cuyos planes de estudios y prácticas profesionales, eran diseñados y administrados por el Estado.

 

Así, las “Normales” formaban a los profesores encargados de guiar a las nuevas generaciones y desarrollar en ellas las habilidades necesarias para una vida exitosa, con principios cívicos y morales. Esos maestros, jóvenes que llegaban al ejercicio de la profesión alrededor de los veinte años, contaban con una aceptable formación en los gajes de su oficio: en el cómo enseñar, en las técnicas de la enseñanza, la psicotécnica pedagógica y la administración educativa; siendo cuestionable su nivel en el conocimiento disciplinario.

 

Las cosas cambian a partir de 1982, basados en el escaso nivel cultural del magisterio, se exigió que para entrar a la Normal debería contarse con bachillerato, primero, impartido en las propias Normales, para luego aceptar los que se cursaran en cualquier otra institución.

 

Así se fue escribiendo la historia de uno de los últimos fracasos más graves del sistema educativo, por decreto, las Normales pasaron a ser instituciones de nivel superior, sus estudios iniciales, por lo tanto, pasan a ser del nivel de licenciatura, sus egresados ya no serán profesores ahora serán licenciados.

 

Lo anterior trajo también una apertura, indiscriminada y sin control la mayoría de las veces, de instituciones particulares que sin ninguna tradición en el sistema educativo se dedicaron a ofrecer primero licenciaturas, luego maestrías y hasta doctorados en educación, campos que hasta antes de 1982, eran propios de las Normales, en cuanto a la formación de profesores para la educación básica.

 

Desde entonces las Normales han dejado de estar solas en el campo educativo, sus funciones hasta entonces, libremente pasaron a ser parte de organismos de carácter privado cuyos objetivos por lo general son de carácter mercantil, colocando a las Normales en condiciones desiguales para competir, según leyes y reglamentos a las que deben apegarse a diferencia de las particulares.

 

No se puede negar fácilmente, que lo realizado sea ajeno al modelo neo-liberal adoptado en el país coincidentemente por la misma época, y de alguna forma, este su reflejo en el caso de la educación y su impacto en las Normales.

 

Por lo visto, los “maestros”, más bien aspirantes, que reprueban en las convocatorias de la SEP y del SNTE, no son solo egresados de las Escuelas Normales Oficiales. Mientras la SEP no asuma  su “responsabilidad histórica” y se trabaje en la construcción de un nuevo modelo educativo seriamente, seguiremos viendo el anuncio de nuevos proyectos, cada vez más costosos, sin haber evaluado los anteriores.

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